Días atrás fueron múltiples los merecidos homenajes a Manuel Dorrego, contemporáneo a ello la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico que lleva el nombre de este insigne líder del federalismo, al cual la historia al igual que a Don Gervasio Artigas le ha negado u ocultado el papel fundamental no solo en la accion sino en la formulación intelectual de lo que constituía el federalismo como teoría política.
Toda profundización y lo que es mejor aun toda divulgación de nuestra historia es bienvenida, sin embargo no debe confundirse esta tarea con la manipulación de los hechos históricos efectuando una transpolacion a las realidades contemporáneas que pretendan justificar actuares políticos actuales.
Cierta es la existencia de una impronta mitrista de la historia que estableció míticos e impolutos prohombres y condeno a la ignorancia la distorsión y el retaceo a otros, sin embargo esta flagrancia no se repara con una conducta similar desde lo que podría considerarse la otra vereda.
Una cruel asesinato fue el cometido por Juan Galo Lavalle en Navarro, no fue el primero ni fue el único, la barbarie no fue patrimonio de un bando, Marco Avellaneda, los libres del Sud, el Coronel Chilavert, el padre de Leandro Alem, Aberastain o Urquiza, son algunos ejemplos de la saga de sangre, quizás el mejor concepto que pueda extraerse es la condena a la violencia como forma de accionar político, y los discursos maniqueos tienen a justificarla aunque mas no sea parcialmente. El concepto de opositor como enemigo tiene mucho que ver con la violencia.
La historia necesariamente trata del accionar de los hombres y la perfección no es patrimonio de los humildes mortales, estos en su accionar con blanco y negros, con claros y oscuros han construido eso que hoy llamamos la Argentina. Toda interpretación absoluta y maniquea es contraria al espíritu de un real historiador.
No es efectuar panegíricos absolutos de personajes ni ser meros refutadotes de todo por lo ellos hecho, el país lo hicieron un poco todos con aciertos y desaciertos, la Argentina es impensable sin todos ellos.
La historia es una tarea lo suficientemente compleja como para ser parte de slogan o de 140 caracteres, la divulgación y el conocimiento plena de la misma es primordial para que el futuro se nos presente mas venturoso, y no convalidemos la triste frase final de CASTELLI de que si ves al futuro dile que no venga.
martes 20 de diciembre de 2011
martes 13 de diciembre de 2011
FUTBOL PARA TODOS - UN DEBATE NECESARIO
El Gobierno destinará para el programa Fútbol para Todos $225 millones adicionales, luego de los reclamos que salieron desde la sede de AFA, encabezados por el mismo Julio Grondona, para afrontar las deudas del fútbol.
El Futbol para todos plagado de una publicidad que el Gobierno usa para la propaganda oficial con absoluta discrecionalidad, habrá consumido $ 3.042 millones del erario público desde mediados de 2009 a esta parte.
No se trata de estar de acuerdo con un monopolio que no nos dejaba ver los partidos o que nos mostraba las tribunas repletas con un relato tipo radio, seguramente si le preguntamos a los hinchas es lindo poder ver a la divisa de sus amores todas las semanas cómodamente, pero a que costo, a la par de que la publicidad oficial es lisa y llanamente abrumadora a costa del erario publico es decir de lo que todos aportamos
Al ser consultado que se liberará esa suma importante de dinero, mientras se recortan los subsidios en los servicios públicos, Fernández se limitó a responder que "es la misma discusión de siempre" y justificó que "el pueblo argentino ha aceptado (Fútbol para Todos) de buena gana".
La tarea de un gobernante es priorizar recursos limitados frente a necesidades ilimitadas, y las sigue habiendo y muchas, el Ex Jefe de gabinete mas allá de cosas que a la gente le pueda resultar simpática debe estar atento a esto. Esto salvo que al regreso a su terruño vaya por helicóptero de lo contrario puede ver por la autopista mucho de esto.
En Quilmes viven 28.470 familias, que se hallan en 24.087 hogares ubicados en 29 villas y asentamientos. En total, se estima que hay 40.000 casas en el Distrito en extrema pobreza.
El Futbol para todos plagado de una publicidad que el Gobierno usa para la propaganda oficial con absoluta discrecionalidad, habrá consumido $ 3.042 millones del erario público desde mediados de 2009 a esta parte.
No se trata de estar de acuerdo con un monopolio que no nos dejaba ver los partidos o que nos mostraba las tribunas repletas con un relato tipo radio, seguramente si le preguntamos a los hinchas es lindo poder ver a la divisa de sus amores todas las semanas cómodamente, pero a que costo, a la par de que la publicidad oficial es lisa y llanamente abrumadora a costa del erario publico es decir de lo que todos aportamos
Al ser consultado que se liberará esa suma importante de dinero, mientras se recortan los subsidios en los servicios públicos, Fernández se limitó a responder que "es la misma discusión de siempre" y justificó que "el pueblo argentino ha aceptado (Fútbol para Todos) de buena gana".
La tarea de un gobernante es priorizar recursos limitados frente a necesidades ilimitadas, y las sigue habiendo y muchas, el Ex Jefe de gabinete mas allá de cosas que a la gente le pueda resultar simpática debe estar atento a esto. Esto salvo que al regreso a su terruño vaya por helicóptero de lo contrario puede ver por la autopista mucho de esto.
En Quilmes viven 28.470 familias, que se hallan en 24.087 hogares ubicados en 29 villas y asentamientos. En total, se estima que hay 40.000 casas en el Distrito en extrema pobreza.
miércoles 7 de diciembre de 2011
POSTALES POLITICAS DE MOMENTO
Los números son números y no tiene piedad, por mas que De Vido y Boudou argumenten que esas son patrañas de Clarín y La Nación, el Gobierno sigue teniendo la necesidad de tapar agujeros de caja ya sea echando mano al Banco Central, Anses, Banco Nación o mediante una nueva política de subsidios, con sus lógicas consecuencias para los bolsillos de la gente. En este sentido las premoniciones de los medios hegemónicos son tan exageradas e irreales como la negación absoluta del tema por parte del oficialismo
Es que más allá de la avalancha de votos y de los festejos que en hora se avecinan, la realidad esta allí, esta por cierto no es ni la tapa de Clarín ni el paraíso de 678.
Hay postales de los tiempos que corren que resultan interesantes por su autocontradicción, ver como los afanes historicistas del oficialismo y su reivindicación al estilo revisionista clasico de los próceres federales, se da en el marco de la máxima irrespetuosidad al federalismo .Las provincias continúan siendo las claras perdedoras en el reparto de los recursos tributarios: según el proyecto de ley de presupuesto 2012, del total de la recaudación prevista sólo un 26 por ciento se destinará a las arcas provinciales, mientras que el 74 por ciento restante lo acaparará la Nación.
El país pese a las comparaciones de la Primer Mandataria con Don Faustino Sarmiento se encuentra en una situación de indigencia educativa, por ejemplo uno de cada dos chicos abandona el secundario y uno de cada dos no comprende lo que lee .Sólo el 14% de los chicos más carenciados tienen posibilidad de alcanzar niveles básicos de conocimiento, frente al 45% de los niños de los sectores más acomodados.
Federalismo, indigencia educativa, mejor asignación a los recursos, discusión salarial, deben ser la materia prima de la reformulación programática y politica de la oposición, proponer, criticar y retornar dialogo mediante, el vinculo con la gente que mayoritariamente le dio la espalda.
El tema es que en la oposición hay muchos Morenos, y la solución de los problemas argentinas, necesita de abrir debates, discutir todo y poner proa a mejorar y para eso lo que menos se necesitan son talibanes de uno y de otro lado, los discursos estridentes la sobreactuación debe dejar paso al debate necesario para la construccion de una sociedad mas plural y solidaria.
Es que más allá de la avalancha de votos y de los festejos que en hora se avecinan, la realidad esta allí, esta por cierto no es ni la tapa de Clarín ni el paraíso de 678.
Hay postales de los tiempos que corren que resultan interesantes por su autocontradicción, ver como los afanes historicistas del oficialismo y su reivindicación al estilo revisionista clasico de los próceres federales, se da en el marco de la máxima irrespetuosidad al federalismo .Las provincias continúan siendo las claras perdedoras en el reparto de los recursos tributarios: según el proyecto de ley de presupuesto 2012, del total de la recaudación prevista sólo un 26 por ciento se destinará a las arcas provinciales, mientras que el 74 por ciento restante lo acaparará la Nación.
El país pese a las comparaciones de la Primer Mandataria con Don Faustino Sarmiento se encuentra en una situación de indigencia educativa, por ejemplo uno de cada dos chicos abandona el secundario y uno de cada dos no comprende lo que lee .Sólo el 14% de los chicos más carenciados tienen posibilidad de alcanzar niveles básicos de conocimiento, frente al 45% de los niños de los sectores más acomodados.
Federalismo, indigencia educativa, mejor asignación a los recursos, discusión salarial, deben ser la materia prima de la reformulación programática y politica de la oposición, proponer, criticar y retornar dialogo mediante, el vinculo con la gente que mayoritariamente le dio la espalda.
El tema es que en la oposición hay muchos Morenos, y la solución de los problemas argentinas, necesita de abrir debates, discutir todo y poner proa a mejorar y para eso lo que menos se necesitan son talibanes de uno y de otro lado, los discursos estridentes la sobreactuación debe dejar paso al debate necesario para la construccion de una sociedad mas plural y solidaria.
COMO DEFINE USTED EQUIDAD
Por Aldo Neri, para Clarín
Aunque usted no lo crea, le digo que estoy conforme con pagar tarifas mayores por los servicios públicos.
Siempre pensé que era injusto que me subsidiaran, sobre todo cuando otros que eran pobres las pagaban mucho mayores en distintos lugares del país. Usted me dirá que ¡cómo fue que el oficialismo descubrió el atraso recién enseguida de las elecciones!, que en los varios años de atraso lo que buscaban era conquistarse a la quisquillosa clase media, que hubiera sido razonable hacerlo selectiva y gradualmente, y reconozco que en todo esto usted tiene razón. Pero yo no le dije que fueran buenos gobernantes, y además le reitero que en política no es raro que se hagan buenas cosas por malas razones.
Y si usted agregara -como probablemente hará- que con esa plata de la soja y de lo acumulado por las finaditas AFJP se podría, por ejemplo, haber construido más cloacas o mejores trenes suburbanos, usted, quizás sin saberlo del todo, estará planteando el dilema central de la equidad tal como debe enfrentarlo todo gobernante.
Y déjeme agregarle humildemente algunos comentarios sobre la dificultad y los caminos ríspidos que tiene ese gobernante para resolverlo.
El dilema era menor cuando, en tiempos no demasiado antiguos de esto que llamamos modernidad, los proyectos políticos y los partidos representaban intereses de clases sociales : estaban, por ejemplo, los socialistas o los comunistas y los conservadores, y uno sabía qué buscaba cada uno. Pero en el siglo XX todo se fue complicando por la misma evolución de las sociedades hacia una mayor complejidad y diversidad interna.
Hoy derecha e izquierda son necesariamente policlasistas , aunque apunten (lo digan o no) a construcciones diferentes de futuro. Y se trata entonces de armonizar intereses con frecuencia no fácilmente compatibles. Y en esta fábula de la equidad deja de ser tan claro quiénes son los “buenos” y los “malos” y el propio contenido de la indispensable moraleja.
Cuando Eva Perón decía: “donde hay una necesidad hay un derecho”, esto era equitativo y adecuado a un tiempo de tanto derecho postergado. Hoy es conflictivo, por la colisión de intereses legítimos contrapuestos .
La nueva tensión distributiva, que ya no es sólo entre el capital y el trabajo sino que involucra a sectores populares, obliga al gobernante a priorizar (lo cual implica siempre postergar algunas) entre, frecuentemente, aspiraciones justas.
Usted se pone en lugar del gobernante y se alarma y me enrostra: “¿Me está diciendo que, por ejemplo, el político debería aguantar el mote de neoliberal irredento -¡flexibilizador!- al postergar alguna ventaja de los trabajadores incluidos para mejorar la oportunidad de inclusión del 40% en la informalidad, o compensarlo con una universalización de la seguridad social, o ambas cosas?” No me sale fácil, porque hago política, pero le contesto que sí.
Usted insiste: “¿O que debo influir sobre el Congreso para que no vote por unanimidad la creación de universidades dudosas, porque distrae recursos mejor empleados en ampliar la doble escolaridad o jardines de infantes? ¿O, más generalmente, que le recuerde a los legisladores que no todo lo que brilla en las iniciativas legislativas de ‘justicia social’ es oro bueno?” Como usted me muestra que entendió que la fórmula no es sólo postergar cosas sino arremeter con otras , le reitero, más confiado, que sí.
Y como no puede esconder que le he picado su curiosidad, vuelve al ataque: “¿Y quizás, entonces, no son equitativos algunos jueces que mandan a Estados Unidos enfermos con poca probabilidad de mejorar, con la plata del Estado o de la obra social, cuyo mejor destino sería financiar acciones sanitarias menos espectaculares, pero cuya ausencia explica muchas muertes y discapacidades anónimas que no recogen los medios de comunicación?” Yo, a pesar del respeto a la visión de la túnica, la espada y la venda en los ojos de la imagen que usted convoca, y de mi valorización de la bioética, ya no respondo, sólo sonrío tranquilizado.
Porque usted se ha incorporado, por cierto con muchas dudas, al equipo anónimo de la ciudadanía que discute la política pública y empieza a desentrañar el sentido de la fábula de la equidad. Créame, además, que sin esa discusión no hay proyecto político, no hay partidos, y no hay democracia real.
Aunque usted no lo crea, le digo que estoy conforme con pagar tarifas mayores por los servicios públicos.
Siempre pensé que era injusto que me subsidiaran, sobre todo cuando otros que eran pobres las pagaban mucho mayores en distintos lugares del país. Usted me dirá que ¡cómo fue que el oficialismo descubrió el atraso recién enseguida de las elecciones!, que en los varios años de atraso lo que buscaban era conquistarse a la quisquillosa clase media, que hubiera sido razonable hacerlo selectiva y gradualmente, y reconozco que en todo esto usted tiene razón. Pero yo no le dije que fueran buenos gobernantes, y además le reitero que en política no es raro que se hagan buenas cosas por malas razones.
Y si usted agregara -como probablemente hará- que con esa plata de la soja y de lo acumulado por las finaditas AFJP se podría, por ejemplo, haber construido más cloacas o mejores trenes suburbanos, usted, quizás sin saberlo del todo, estará planteando el dilema central de la equidad tal como debe enfrentarlo todo gobernante.
Y déjeme agregarle humildemente algunos comentarios sobre la dificultad y los caminos ríspidos que tiene ese gobernante para resolverlo.
El dilema era menor cuando, en tiempos no demasiado antiguos de esto que llamamos modernidad, los proyectos políticos y los partidos representaban intereses de clases sociales : estaban, por ejemplo, los socialistas o los comunistas y los conservadores, y uno sabía qué buscaba cada uno. Pero en el siglo XX todo se fue complicando por la misma evolución de las sociedades hacia una mayor complejidad y diversidad interna.
Hoy derecha e izquierda son necesariamente policlasistas , aunque apunten (lo digan o no) a construcciones diferentes de futuro. Y se trata entonces de armonizar intereses con frecuencia no fácilmente compatibles. Y en esta fábula de la equidad deja de ser tan claro quiénes son los “buenos” y los “malos” y el propio contenido de la indispensable moraleja.
Cuando Eva Perón decía: “donde hay una necesidad hay un derecho”, esto era equitativo y adecuado a un tiempo de tanto derecho postergado. Hoy es conflictivo, por la colisión de intereses legítimos contrapuestos .
La nueva tensión distributiva, que ya no es sólo entre el capital y el trabajo sino que involucra a sectores populares, obliga al gobernante a priorizar (lo cual implica siempre postergar algunas) entre, frecuentemente, aspiraciones justas.
Usted se pone en lugar del gobernante y se alarma y me enrostra: “¿Me está diciendo que, por ejemplo, el político debería aguantar el mote de neoliberal irredento -¡flexibilizador!- al postergar alguna ventaja de los trabajadores incluidos para mejorar la oportunidad de inclusión del 40% en la informalidad, o compensarlo con una universalización de la seguridad social, o ambas cosas?” No me sale fácil, porque hago política, pero le contesto que sí.
Usted insiste: “¿O que debo influir sobre el Congreso para que no vote por unanimidad la creación de universidades dudosas, porque distrae recursos mejor empleados en ampliar la doble escolaridad o jardines de infantes? ¿O, más generalmente, que le recuerde a los legisladores que no todo lo que brilla en las iniciativas legislativas de ‘justicia social’ es oro bueno?” Como usted me muestra que entendió que la fórmula no es sólo postergar cosas sino arremeter con otras , le reitero, más confiado, que sí.
Y como no puede esconder que le he picado su curiosidad, vuelve al ataque: “¿Y quizás, entonces, no son equitativos algunos jueces que mandan a Estados Unidos enfermos con poca probabilidad de mejorar, con la plata del Estado o de la obra social, cuyo mejor destino sería financiar acciones sanitarias menos espectaculares, pero cuya ausencia explica muchas muertes y discapacidades anónimas que no recogen los medios de comunicación?” Yo, a pesar del respeto a la visión de la túnica, la espada y la venda en los ojos de la imagen que usted convoca, y de mi valorización de la bioética, ya no respondo, sólo sonrío tranquilizado.
Porque usted se ha incorporado, por cierto con muchas dudas, al equipo anónimo de la ciudadanía que discute la política pública y empieza a desentrañar el sentido de la fábula de la equidad. Créame, además, que sin esa discusión no hay proyecto político, no hay partidos, y no hay democracia real.
miércoles 30 de noviembre de 2011
La gran pelea entre Sarmiento y Alberdi, por Ernesto Poblet
Los dos más grandes intelectuales de la Argentina del siglo XIX se enfrentaron con virulencia a través de la palabra escrita. Fue una lucha sin cuartel, ninguno de los dos tuvo piedad. Desplegaron lo más profundo de la capacidad creadora de cada uno para destruir al otro.
El primer camorrero fue Sarmiento... Apareció otra vez en Chile, después que abandonó las huestes triunfadoras de Urquiza en Buenos Aires, tras derrotar a Rosas. Ocurrió en junio de 1852. Encuentra en Valparaíso un Alberdi ganador. La imprenta El Mercurio había editado los primeros ejemplares de “Las Bases” que ya estaban en viaje hacia las oficinas de Urquiza, Cané, Mitre, Gutiérrez y Frías. La obra de Alberdi -oportunísima para diseñar la organización nacional- concitó un singular éxito y admiración. Sobre todo en Urquiza, quien en ese momento disfrutaba del prestigio y poder que le otorgaron sus triunfos.
El jefe entrerriano mandó imprimir otras ediciones y enviar el trabajo por todas las provincias. Sarmiento lee “Las Bases” y también se entusiasma, pero no puede simular la inquina que traía acumulada contra Urquiza.
Analizada a la distancia, la bronca del sanjuanino provenía más de su temperamento ansioso y atropellado que de fundamentos serios. Despotricaba contra Urquiza por motivos realmente baladíes. Quien lo escuchara podría pensar que el entrerriano lo trató mal, pero no hay mayor constancia de eso.
Es que aquel Sarmiento de 42 años, un genio de inteligencia creadora con alguna turbulencia, se sabía inteligente y cultivado. No podía tolerar que el gaucho-estanciero don Justo José detentara tanto poder. Sentía una cargosa molestia porque Urquiza no se detenía a escucharlo. En pocas palabras, la furia del sanjuanino sobrevino cuando se dio cuenta que Urquiza no apreciaba lo suficiente su genio, lo cual no dejó de ser un lamentable error por parte del gran organizador entrerriano.
Se precipitaron en la cabeza de Sarmiento dos preconceptos antifederales, el “gorilismo” contra Rosas y la creencia de que Urquiza era un ariete de la barbarie. Debido a su temperamento algo levantisco le irritaba que no reconocieran sus méritos y antecedentes. La contradicción no dejaba de ser asombrosa. Por un lado elogiaba con regocijo “Las Bases” de Alberdi, que significaban el más puro y excelso federalismo, por el otro acusaba a Urquiza de federal incivilizado, aferrándose para ello en la nimiedad del episodio del cintillo punzó.
Esta actitud arrebatada le costó un enorme arrepentimiento dieciocho años después, cuando fue Presidente y reconoció en Urquiza un auténtico civilizador, indiscutible organizador de la nación, prolijo administrador y hasta un promotor de la educación mediante mediante la creación de buenos colegios.
Alberdi ejercía la profesión de abogado en Valparaíso. Con sus ganancias había adquirido “Las Delicias”, una cómoda quinta. Sarmiento vivía con su esposa doña Benita en la confortable residencia de Yungay. Ambos en Valparíso. Unos cuantos amigos de Alberdi fundaron El Club Constitucional para apoyar la posición de Urquiza frente a los rebeldes separatistas de Buenos Aires. Algunos testimonios dejan entender que decidieron no invitar a participar del Club a Sarmiento por su temperamento impulsivo y cuasi violento. Al enterarse el sanjuanino -tras ofuscarse- se volcó con armas y bagajes en favor de los porteños.
En agosto, el gobierno de Urquiza en Paraná designaba a Alberdi embajador de la Confederación en la República de Chile. La noticia se recibió con alborozo en el ambiente argentino. En aquellos momentos Sarmiento todavía compartía algo de esa alegría.
No pasó mucho tiempo hasta que Alberdi se encuentra con un nuevo un libro de Sarmiento, de reciente aparición en Chile. Un brillante trabajo exponiendo las grandes ideas y estrategias del prócer sanjuanino sobre la concepción de su país. El libro fue escrito entre los campamentos y los trajines preparatorios de la batalla de Caseros. Quizá por eso debió soportar un nombre no muy apropiado ni elegante para su excelso contenido: CAMPAÑA DEL EJÉRCITO GRANDE.
De golpe, el tucumano don Juan Bautista observa en una dedicatoria que el sanjuanino lo insinúa como "...el primer desertor de Montevideo a la llegada de las tropas rosistas". Alberdi explota. No lo puede soportar. Le sobreviene un furibundo ataque de ira. Maldice, quiere “destruir al loco”. Ahí empezó uno de los más absurdos y prolongados conflictos...
En enero de 1853 don Juan Bautista decide veranear en casa de sus amigos Sarratea, en la ciudad de Quillota. Se lo ve entre los árboles, el buen aire, los arroyos, el piano, pero no aguanta el entripado que lleva adentro contra Sarmiento. Se dispone a escribir las CARTAS QUILLOTANAS con irreprimible aversión. Le espeta a Sarmiento ser un tirano como Rosas, lo acusa de ejercer el odio desde el periodismo “ ...y ahora que no puede frenarse enfoca su odio contra Urquiza ...primero elogia al entrerriano y después lo insulta por un simple despecho". Para terminar acotando: “ ...Sarmiento es el verdadero gaucho malo o bárbaro de la prensa, que pretende detener la organización nacional hasta que Urquiza sea eliminado...” Elige Alberdi con rigurosidad diabólica los calificativos que más han de zaherir a su contrincante.
Sarmiento lee las CARTAS QUILLOTANAS y no tarda en despertar su fecunda tirria. Empieza a escribir con llamaradas de furor LAS CIENTO Y UNA. Califica a Alberdi de "simulador, templador de pianos, venal compositor de minués, mal abogado y periodista de alquiler, camorrista y saltimbanqui, mujer por la voz y abate por los modales, conejo por el miedo y eunuco por su falta de aspiraciones políticas..."
Alberdi vuelve a contestar por medio de un folleto. Responde uno a uno los cargos del sanjuanino. Publica las cartas con los antiguos elogios que le había mandado Sarmiento y se pregunta: ¿ ...Cuándo miente? ¿ ...miente cuando me elogia o miente cuando me insulta?
Y así pasaron los años y las décadas... Siempre alejados y tras un muro de bronca nuestros dos más brillantes pensadores. Sólo se recordaban con fastidio el uno del otro.
Hasta que llegó el año 1876. Plena presidencia de Nicolás Avellaneda con el veterano Sarmiento ejerciendo el Ministerio del Interior. Se enteró que Alberdi llegaba de Europa. Mandó su landó al puerto para que lo buscaran. Alberdi, apenas superado el estupor, decidió llegarse hasta el Ministerio en el mismo carruaje para agradecer el gesto de su viejo enemigo.
Don Domingo sumergido en una reunión se entera que don Juan Bautista lo esperaba en las antesalas. Cuentan que se interrumpió abruptamente . Expansivo, eufórico, se apareció a los gritos en la antesala “Dr. Alberdi - a mis brazos...”. No solamente lloraban los dos viejos inmortales, todos los presentes acompañaron el abrazo tras una cortina de lágrimas. La escena expandía una emoción incontenible. Se trataba de un final conmovedor para tan famosa y prolongada enemistad. De una reyerta donde en lugar de armas los contendientes sólo blandieron sus libros acusatorios. Culminaron así los veinticuatro años de ese distanciamiento incomprensible que protagonizaron estos dos cascarrabias asombrosos, geniales y exasperadamente abnegados.
El primer camorrero fue Sarmiento... Apareció otra vez en Chile, después que abandonó las huestes triunfadoras de Urquiza en Buenos Aires, tras derrotar a Rosas. Ocurrió en junio de 1852. Encuentra en Valparaíso un Alberdi ganador. La imprenta El Mercurio había editado los primeros ejemplares de “Las Bases” que ya estaban en viaje hacia las oficinas de Urquiza, Cané, Mitre, Gutiérrez y Frías. La obra de Alberdi -oportunísima para diseñar la organización nacional- concitó un singular éxito y admiración. Sobre todo en Urquiza, quien en ese momento disfrutaba del prestigio y poder que le otorgaron sus triunfos.
El jefe entrerriano mandó imprimir otras ediciones y enviar el trabajo por todas las provincias. Sarmiento lee “Las Bases” y también se entusiasma, pero no puede simular la inquina que traía acumulada contra Urquiza.
Analizada a la distancia, la bronca del sanjuanino provenía más de su temperamento ansioso y atropellado que de fundamentos serios. Despotricaba contra Urquiza por motivos realmente baladíes. Quien lo escuchara podría pensar que el entrerriano lo trató mal, pero no hay mayor constancia de eso.
Es que aquel Sarmiento de 42 años, un genio de inteligencia creadora con alguna turbulencia, se sabía inteligente y cultivado. No podía tolerar que el gaucho-estanciero don Justo José detentara tanto poder. Sentía una cargosa molestia porque Urquiza no se detenía a escucharlo. En pocas palabras, la furia del sanjuanino sobrevino cuando se dio cuenta que Urquiza no apreciaba lo suficiente su genio, lo cual no dejó de ser un lamentable error por parte del gran organizador entrerriano.
Se precipitaron en la cabeza de Sarmiento dos preconceptos antifederales, el “gorilismo” contra Rosas y la creencia de que Urquiza era un ariete de la barbarie. Debido a su temperamento algo levantisco le irritaba que no reconocieran sus méritos y antecedentes. La contradicción no dejaba de ser asombrosa. Por un lado elogiaba con regocijo “Las Bases” de Alberdi, que significaban el más puro y excelso federalismo, por el otro acusaba a Urquiza de federal incivilizado, aferrándose para ello en la nimiedad del episodio del cintillo punzó.
Esta actitud arrebatada le costó un enorme arrepentimiento dieciocho años después, cuando fue Presidente y reconoció en Urquiza un auténtico civilizador, indiscutible organizador de la nación, prolijo administrador y hasta un promotor de la educación mediante mediante la creación de buenos colegios.
Alberdi ejercía la profesión de abogado en Valparaíso. Con sus ganancias había adquirido “Las Delicias”, una cómoda quinta. Sarmiento vivía con su esposa doña Benita en la confortable residencia de Yungay. Ambos en Valparíso. Unos cuantos amigos de Alberdi fundaron El Club Constitucional para apoyar la posición de Urquiza frente a los rebeldes separatistas de Buenos Aires. Algunos testimonios dejan entender que decidieron no invitar a participar del Club a Sarmiento por su temperamento impulsivo y cuasi violento. Al enterarse el sanjuanino -tras ofuscarse- se volcó con armas y bagajes en favor de los porteños.
En agosto, el gobierno de Urquiza en Paraná designaba a Alberdi embajador de la Confederación en la República de Chile. La noticia se recibió con alborozo en el ambiente argentino. En aquellos momentos Sarmiento todavía compartía algo de esa alegría.
No pasó mucho tiempo hasta que Alberdi se encuentra con un nuevo un libro de Sarmiento, de reciente aparición en Chile. Un brillante trabajo exponiendo las grandes ideas y estrategias del prócer sanjuanino sobre la concepción de su país. El libro fue escrito entre los campamentos y los trajines preparatorios de la batalla de Caseros. Quizá por eso debió soportar un nombre no muy apropiado ni elegante para su excelso contenido: CAMPAÑA DEL EJÉRCITO GRANDE.
De golpe, el tucumano don Juan Bautista observa en una dedicatoria que el sanjuanino lo insinúa como "...el primer desertor de Montevideo a la llegada de las tropas rosistas". Alberdi explota. No lo puede soportar. Le sobreviene un furibundo ataque de ira. Maldice, quiere “destruir al loco”. Ahí empezó uno de los más absurdos y prolongados conflictos...
En enero de 1853 don Juan Bautista decide veranear en casa de sus amigos Sarratea, en la ciudad de Quillota. Se lo ve entre los árboles, el buen aire, los arroyos, el piano, pero no aguanta el entripado que lleva adentro contra Sarmiento. Se dispone a escribir las CARTAS QUILLOTANAS con irreprimible aversión. Le espeta a Sarmiento ser un tirano como Rosas, lo acusa de ejercer el odio desde el periodismo “ ...y ahora que no puede frenarse enfoca su odio contra Urquiza ...primero elogia al entrerriano y después lo insulta por un simple despecho". Para terminar acotando: “ ...Sarmiento es el verdadero gaucho malo o bárbaro de la prensa, que pretende detener la organización nacional hasta que Urquiza sea eliminado...” Elige Alberdi con rigurosidad diabólica los calificativos que más han de zaherir a su contrincante.
Sarmiento lee las CARTAS QUILLOTANAS y no tarda en despertar su fecunda tirria. Empieza a escribir con llamaradas de furor LAS CIENTO Y UNA. Califica a Alberdi de "simulador, templador de pianos, venal compositor de minués, mal abogado y periodista de alquiler, camorrista y saltimbanqui, mujer por la voz y abate por los modales, conejo por el miedo y eunuco por su falta de aspiraciones políticas..."
Alberdi vuelve a contestar por medio de un folleto. Responde uno a uno los cargos del sanjuanino. Publica las cartas con los antiguos elogios que le había mandado Sarmiento y se pregunta: ¿ ...Cuándo miente? ¿ ...miente cuando me elogia o miente cuando me insulta?
Y así pasaron los años y las décadas... Siempre alejados y tras un muro de bronca nuestros dos más brillantes pensadores. Sólo se recordaban con fastidio el uno del otro.
Hasta que llegó el año 1876. Plena presidencia de Nicolás Avellaneda con el veterano Sarmiento ejerciendo el Ministerio del Interior. Se enteró que Alberdi llegaba de Europa. Mandó su landó al puerto para que lo buscaran. Alberdi, apenas superado el estupor, decidió llegarse hasta el Ministerio en el mismo carruaje para agradecer el gesto de su viejo enemigo.
Don Domingo sumergido en una reunión se entera que don Juan Bautista lo esperaba en las antesalas. Cuentan que se interrumpió abruptamente . Expansivo, eufórico, se apareció a los gritos en la antesala “Dr. Alberdi - a mis brazos...”. No solamente lloraban los dos viejos inmortales, todos los presentes acompañaron el abrazo tras una cortina de lágrimas. La escena expandía una emoción incontenible. Se trataba de un final conmovedor para tan famosa y prolongada enemistad. De una reyerta donde en lugar de armas los contendientes sólo blandieron sus libros acusatorios. Culminaron así los veinticuatro años de ese distanciamiento incomprensible que protagonizaron estos dos cascarrabias asombrosos, geniales y exasperadamente abnegados.
UCR: ¿el último partido que aun golpeado queda en pie?Luis Alberto Romero
El radicalismo viene sufriendo en la última década sucesivas diásporas y caídas de respaldo electoral. Algunas de sus marcas distintivas, sin embargo, siguen disponibles.
Semanas atrás los radicales protagonizaron un episodio deprimente: en su Convención, las peleas, exacerbadas hasta la injuria y la agresión, les impidieron avanzar en una reforma institucional apoyada por la mayoría. “Internismo”, “parálisis”, “falta de vocación ganadora” son calificativos usualmente aplicados a los radicales. Sin duda, el vaso está medio vacío.
Pero hay un vaso medio lleno, que merece subrayarse: en la Argentina todavía existe un partido político, organizado horizontalmente, que cree valioso discutir sus orientaciones, y sobre todo, hacerlo en público, a la vista de la opinión.
En tiempos posmodernos, de “espacios”, jefes y videopolítica, la UCR sigue siendo lo que solía llamarse un “partido moderno”.
Tales partidos surgieron en Europa y Estados Unidos a fines del siglo XIX, para encauzar una democracia basada en la sostenida ampliación de los votantes. Los partidos se encargaron de empadronarlos y afiliarlos, de elaborar programas, designar candidatos y desarrollar una propaganda unificada, que alcanzó dimensión nacional. En lo interno, tuvieron afiliados, comités, convenciones, debates y elecciones internas. Procuraron que sus simpatizantes, además de seguir a sus dirigentes, asimilaran el ideario.
En la Argentina, hacia 1891 la UCR nació a la vida con este formato, y poco después se sumó el Partido Socialista. Con ese estímulo, Roque Sáenz Peña alentó en 1912 la formación de los partidos que llamó “de ideas” , que debían animar un juego de debate, competencia y alternancia.
Las realizaciones, como siempre ocurre, fueron algo más mediocres. La UCR de Yrigoyen mantuvo su ideario, escueto pero sustantivo. Formó una maquinaria basada en los caudillos locales y el uso de dineros estatales. No estuvo al margen de los oscuras procedimientos de financiación de la política, pero nadie lo convirtió en virtud. No fue ajeno a la tentación de identificarse con el pueblo y la nación, pero la controló. Fue un partido de líder, de Yrigoyen a Alfonsín, pero nunca verticalista. Alojó infinitas facciones, en equilibrio inestable, experimentó algunas rupturas espectaculares, pero también hubo muchos retornos, más silenciosos.
A menudo se encerró en sí mismo y limitó el ingreso de gente e ideas nuevas. Convencido de que atesoraba un núcleo ideal y moral difícil de compartir, fue reacio a la alianza con otras fuerzas.
Todo eso es cierto. Pero siguió siendo un partido, donde nadie es más que nadie. Afirmado en una forma de entender la política, ligada con el debate interno abierto y con la defensa de las instituciones públicas. Probablemente muchas de esas cosas lo han puesto en desventaja frente al peronismo.
El peronismo tiene poco que ver con el “partido moderno”. Se asemeja más a otro formato, desarrollado en la primera posguerra y con una respuesta distinta para la democratización: fue el movimiento nacional y popular, de líder y plebiscitario, mal encuadrado en la institucionalidad republicana y con vocación de convertirse en partido único. En Italia, Alemania, España y también en la Unión Soviética hubo buenos modelos.
Pocas veces el radicalismo pudo vencer al peronismo.
Sólo en ciertas ocasiones, como en 1983, logró captar de manera privilegiada el estado de ánimo colectivo.
Tampoco su organización, basada escuetamente en la militancia de los afiliados, resultó competitiva en un mundo de corporaciones. A diferencia del peronismo, no tuvo una retaguardia de organizaciones sindicales.
Protagonista de la gran ilusión democrática, institucional y pluralista de 1983, y de su versión más liviana de 1999, el radicalismo fue mucho más afectado que el peronismo por la desilusión democrática , que se insinuó en los 90 y eclosionó en 2001. Fue estigmatizado por la vetustez de su discurso, de su estilo y de sus dirigentes. Fue copartícipe menor de muchos de los vicios denunciados por la opinión indignada. Fue descalificado por quienes proclamaron su intención de transformar la política y sus procedimientos: la renovación peronista en 1987, el Frepaso en los 90 o el ARI en los 2000. Todos ellos criticaron el bipartidismo y se propusieron como la verdadera alternativa al estilo peronista de hacer política.
Todos ellos han pasado y el radicalismo sigue en pie . Como la tortuga de la fábula, que corría con la liebre. Suele dar espectáculos deplorables, presenta alternativas electorales timoratas, se desangra en escisiones, pero sigue siendo capaz de realizar convenciones y de discutir públicamente sus diferencias. Quizá no discutan programas, pero los hay detrás de cada uno de los pares que confrontan allí, para elegir simplemente al primero entre ellos. Fracasan en las elecciones presidenciales, pero mantienen un arraigo local y provincial sorprendente , que hoy los ilusiona con la idea de reconstruirse desde sus bases territoriales. Conserva, sobre todo, una idea de partido como institución pública que organiza la opinión; una idea de la política como espacio de confrontación y acuerdo, y una idea de las instituciones de la República como marco indispensable para la vida social civilizada.
Yo los miro desde afuera -no soy radical-, comparto muchas de las críticas, pero confieso que lo hago con simpatía. Son una de las pocas cosas sobrevivientes de una Argentina que ya no es, mucho mejor que la actual. Son también una de las cosas que querría conservar para construir una Argentina mejor.
Semanas atrás los radicales protagonizaron un episodio deprimente: en su Convención, las peleas, exacerbadas hasta la injuria y la agresión, les impidieron avanzar en una reforma institucional apoyada por la mayoría. “Internismo”, “parálisis”, “falta de vocación ganadora” son calificativos usualmente aplicados a los radicales. Sin duda, el vaso está medio vacío.
Pero hay un vaso medio lleno, que merece subrayarse: en la Argentina todavía existe un partido político, organizado horizontalmente, que cree valioso discutir sus orientaciones, y sobre todo, hacerlo en público, a la vista de la opinión.
En tiempos posmodernos, de “espacios”, jefes y videopolítica, la UCR sigue siendo lo que solía llamarse un “partido moderno”.
Tales partidos surgieron en Europa y Estados Unidos a fines del siglo XIX, para encauzar una democracia basada en la sostenida ampliación de los votantes. Los partidos se encargaron de empadronarlos y afiliarlos, de elaborar programas, designar candidatos y desarrollar una propaganda unificada, que alcanzó dimensión nacional. En lo interno, tuvieron afiliados, comités, convenciones, debates y elecciones internas. Procuraron que sus simpatizantes, además de seguir a sus dirigentes, asimilaran el ideario.
En la Argentina, hacia 1891 la UCR nació a la vida con este formato, y poco después se sumó el Partido Socialista. Con ese estímulo, Roque Sáenz Peña alentó en 1912 la formación de los partidos que llamó “de ideas” , que debían animar un juego de debate, competencia y alternancia.
Las realizaciones, como siempre ocurre, fueron algo más mediocres. La UCR de Yrigoyen mantuvo su ideario, escueto pero sustantivo. Formó una maquinaria basada en los caudillos locales y el uso de dineros estatales. No estuvo al margen de los oscuras procedimientos de financiación de la política, pero nadie lo convirtió en virtud. No fue ajeno a la tentación de identificarse con el pueblo y la nación, pero la controló. Fue un partido de líder, de Yrigoyen a Alfonsín, pero nunca verticalista. Alojó infinitas facciones, en equilibrio inestable, experimentó algunas rupturas espectaculares, pero también hubo muchos retornos, más silenciosos.
A menudo se encerró en sí mismo y limitó el ingreso de gente e ideas nuevas. Convencido de que atesoraba un núcleo ideal y moral difícil de compartir, fue reacio a la alianza con otras fuerzas.
Todo eso es cierto. Pero siguió siendo un partido, donde nadie es más que nadie. Afirmado en una forma de entender la política, ligada con el debate interno abierto y con la defensa de las instituciones públicas. Probablemente muchas de esas cosas lo han puesto en desventaja frente al peronismo.
El peronismo tiene poco que ver con el “partido moderno”. Se asemeja más a otro formato, desarrollado en la primera posguerra y con una respuesta distinta para la democratización: fue el movimiento nacional y popular, de líder y plebiscitario, mal encuadrado en la institucionalidad republicana y con vocación de convertirse en partido único. En Italia, Alemania, España y también en la Unión Soviética hubo buenos modelos.
Pocas veces el radicalismo pudo vencer al peronismo.
Sólo en ciertas ocasiones, como en 1983, logró captar de manera privilegiada el estado de ánimo colectivo.
Tampoco su organización, basada escuetamente en la militancia de los afiliados, resultó competitiva en un mundo de corporaciones. A diferencia del peronismo, no tuvo una retaguardia de organizaciones sindicales.
Protagonista de la gran ilusión democrática, institucional y pluralista de 1983, y de su versión más liviana de 1999, el radicalismo fue mucho más afectado que el peronismo por la desilusión democrática , que se insinuó en los 90 y eclosionó en 2001. Fue estigmatizado por la vetustez de su discurso, de su estilo y de sus dirigentes. Fue copartícipe menor de muchos de los vicios denunciados por la opinión indignada. Fue descalificado por quienes proclamaron su intención de transformar la política y sus procedimientos: la renovación peronista en 1987, el Frepaso en los 90 o el ARI en los 2000. Todos ellos criticaron el bipartidismo y se propusieron como la verdadera alternativa al estilo peronista de hacer política.
Todos ellos han pasado y el radicalismo sigue en pie . Como la tortuga de la fábula, que corría con la liebre. Suele dar espectáculos deplorables, presenta alternativas electorales timoratas, se desangra en escisiones, pero sigue siendo capaz de realizar convenciones y de discutir públicamente sus diferencias. Quizá no discutan programas, pero los hay detrás de cada uno de los pares que confrontan allí, para elegir simplemente al primero entre ellos. Fracasan en las elecciones presidenciales, pero mantienen un arraigo local y provincial sorprendente , que hoy los ilusiona con la idea de reconstruirse desde sus bases territoriales. Conserva, sobre todo, una idea de partido como institución pública que organiza la opinión; una idea de la política como espacio de confrontación y acuerdo, y una idea de las instituciones de la República como marco indispensable para la vida social civilizada.
Yo los miro desde afuera -no soy radical-, comparto muchas de las críticas, pero confieso que lo hago con simpatía. Son una de las pocas cosas sobrevivientes de una Argentina que ya no es, mucho mejor que la actual. Son también una de las cosas que querría conservar para construir una Argentina mejor.
lunes 21 de noviembre de 2011
UCR - MILITANCIA Y TORTAS DE RICOTA
No comparto la idea de bochorno, a lo largo de su mas que centenaria historia en las convenciones radicales y en sus reuniones en general sobraron sillazas, castañazos y aunque algún que otro tiro, las barras generalmente no hicieron gala de su silencio y las silbatinas u abucheos son la forma de expresarse. No es una reunión de los monjes trapenses y la verdad en el radicalismo sobran razones para algún que otro sillazo o griterío.
Y sobran por que la tan mentada renovación luce por su ausencia, por que a popes pasados los remplazaron popes actuales que demostraron iguales o mayores vicios en sus conductas de cerrar el partido y guiarlo de fracaso a fracaso.
Que la renovación la encarguen algunos nombres suena igual que decirle a los riverplatenses que asume Cappa y los va a llevar a la primera, suena a una broma, el tema que lo que seria impensable en River no lo seria en el radicalismo, los nombres giran y giran como en el juego de la silla y los enroques están a la orden del día.
Es verdad que el radicalismo no hay debate, pero hace años diría décadas que no lo hay, y a la falta de debate, se suman resultados adversos, estretegias erróneas y la exhibición a boca de jarro de que el partido tiene dueños.
Dueños que actúan como patrones de plantación para con los afiliados, estos somos simple ilotas a los que solo le queda tirar alguna torta de ricota.
El Presidente puede ser Casella, Barletta o el bibliotecario de un comité seccional de Quemu Quemu, y nada cambiara si no sabemos o no discutimos el partido que se quiere en lo ideológico, si no reafirmamos determinadas cosas básicas y contenidos, seguiremos siendo una maquinaria electoral cada vez mas debilitada al servicio de cualquier intento presto al fracaso, que solo responde al interés de los dueños de la estructura para proseguir salvaguardando sus poltronas mientras el partido se deshilacha.
En mi caso sigo sosteniendo la idea de ser parte fundamental de una alternativa progresistas con fuerzas afines, respetando situaciones locales e identidades, obviamente es una tarea de construcción a futuro que no condice con las urgencias de los dueños de hoy.
Decia Lebensohn que “ El radicalismo no es una etiqueta que se coloca sobre un hombre como sobre un frasco en una droguería. Es un contenido. Quien no alienta pasión de justicia y a su influjo gobierna su vida, no es radical por más que así se titule y por alta que sea su ubicación en el escalafón partidario, es una forma de conducta y un estilo de vida.”
La política Light, los globitos,la politica marketinera y seguidora de los meros humores sociales, el discurso de Del Sel, la insolidaridad social, la inequidad, el pensamiento antediluviano , la defensa de los 90, nada tienen que ver con el pensamiento radical, acercarnos a ellos no solo nos desdibuja como fuerza nacional popular y progresista, y lo que es peor nos sigue alejando de la gente .
Y sobran por que la tan mentada renovación luce por su ausencia, por que a popes pasados los remplazaron popes actuales que demostraron iguales o mayores vicios en sus conductas de cerrar el partido y guiarlo de fracaso a fracaso.
Que la renovación la encarguen algunos nombres suena igual que decirle a los riverplatenses que asume Cappa y los va a llevar a la primera, suena a una broma, el tema que lo que seria impensable en River no lo seria en el radicalismo, los nombres giran y giran como en el juego de la silla y los enroques están a la orden del día.
Es verdad que el radicalismo no hay debate, pero hace años diría décadas que no lo hay, y a la falta de debate, se suman resultados adversos, estretegias erróneas y la exhibición a boca de jarro de que el partido tiene dueños.
Dueños que actúan como patrones de plantación para con los afiliados, estos somos simple ilotas a los que solo le queda tirar alguna torta de ricota.
El Presidente puede ser Casella, Barletta o el bibliotecario de un comité seccional de Quemu Quemu, y nada cambiara si no sabemos o no discutimos el partido que se quiere en lo ideológico, si no reafirmamos determinadas cosas básicas y contenidos, seguiremos siendo una maquinaria electoral cada vez mas debilitada al servicio de cualquier intento presto al fracaso, que solo responde al interés de los dueños de la estructura para proseguir salvaguardando sus poltronas mientras el partido se deshilacha.
En mi caso sigo sosteniendo la idea de ser parte fundamental de una alternativa progresistas con fuerzas afines, respetando situaciones locales e identidades, obviamente es una tarea de construcción a futuro que no condice con las urgencias de los dueños de hoy.
Decia Lebensohn que “ El radicalismo no es una etiqueta que se coloca sobre un hombre como sobre un frasco en una droguería. Es un contenido. Quien no alienta pasión de justicia y a su influjo gobierna su vida, no es radical por más que así se titule y por alta que sea su ubicación en el escalafón partidario, es una forma de conducta y un estilo de vida.”
La política Light, los globitos,la politica marketinera y seguidora de los meros humores sociales, el discurso de Del Sel, la insolidaridad social, la inequidad, el pensamiento antediluviano , la defensa de los 90, nada tienen que ver con el pensamiento radical, acercarnos a ellos no solo nos desdibuja como fuerza nacional popular y progresista, y lo que es peor nos sigue alejando de la gente .
lunes 14 de noviembre de 2011
LA UCR AL GARETE
Según el Diccionario cuando una nave esta al garete es que una embarcación navega sin rumbo ni dirección, movida por el viento o la corriente, creo que en estos tiempos no hay palabra mas adecuada que esta para definir la situación del radicalismo.
No se trata de solo de resultados electorales, un partido de mas de 120 años los ha cosechado buenos y malos, se trata entiendo de algo mucho mas profundo y tiene que ver con la inexistencia absoluta de un rumbo o perfil, unido a la s urgencias de algunos dirigentes sempiternos que lo llevan a producir barquinazos y piruetas que lo van deshilachando como partido.
A esto por demás suficiente se le une un internismo caníbal y el colocar las discusiones en su seño por encima en importancia que cualquier hecho que registre la realidad y que de ultima es lo que interesa y moviliza a la gente.
Mientras la economía empieza dar señales de alerta preocupantes, mientras a un ingeniero jefe de gobierno se le caen los edificios, el radicalismo solo habla de la interna y se posiciona respecto de la misma.
Siempre sostuve que no es que la gente se alejo del radicalismo, primigeniamente el radicalismo se alejo de la gente, y de este estado de cosas no se vuelve con estrategias de ocasión y menos aun cuando ellas son imposible de explicarle a los adherentes a los afiliados o a los votantes.
El radicalismo puede seguir en esta situación e ir languideciendo, o ser parte de una construcción política con fuerzas afines, de una construcción a futuro, y cuando se dice futuro se dice trabajo y militancia con fines a una construccion, no las urgencias de conchabo que hacen que por dos bancas terminemos del brazo de cualquiera.
El radicalismo solo puede recuperarse si entiende que rol le cabe cumplir en esta sociedad, puede ser parte y contribuir con su estructura y militancia a la conformación de una alternativa progresista con fuerzas afines, o abrevar en la ola amarilla del macrismo, la verdad que de la mano de Del Sel como de De Narvaez poco respeto expresamos a nuestra historia, terminando siendo parte de una fuerza de centroderecha al estilo del partido popular español.
El radicalismo merecerá subsistir si es fiel a sus mejores historias, a sus luchas populares, a la creación e YPF, a la reforma del 18, a su visión laica y plural de la sociedad, a la educación como instrumento de cambio social, alejado de esto, es un frasco vacío de todo contenido preparado al archivo o para el museo.
No se trata de solo de resultados electorales, un partido de mas de 120 años los ha cosechado buenos y malos, se trata entiendo de algo mucho mas profundo y tiene que ver con la inexistencia absoluta de un rumbo o perfil, unido a la s urgencias de algunos dirigentes sempiternos que lo llevan a producir barquinazos y piruetas que lo van deshilachando como partido.
A esto por demás suficiente se le une un internismo caníbal y el colocar las discusiones en su seño por encima en importancia que cualquier hecho que registre la realidad y que de ultima es lo que interesa y moviliza a la gente.
Mientras la economía empieza dar señales de alerta preocupantes, mientras a un ingeniero jefe de gobierno se le caen los edificios, el radicalismo solo habla de la interna y se posiciona respecto de la misma.
Siempre sostuve que no es que la gente se alejo del radicalismo, primigeniamente el radicalismo se alejo de la gente, y de este estado de cosas no se vuelve con estrategias de ocasión y menos aun cuando ellas son imposible de explicarle a los adherentes a los afiliados o a los votantes.
El radicalismo puede seguir en esta situación e ir languideciendo, o ser parte de una construcción política con fuerzas afines, de una construcción a futuro, y cuando se dice futuro se dice trabajo y militancia con fines a una construccion, no las urgencias de conchabo que hacen que por dos bancas terminemos del brazo de cualquiera.
El radicalismo solo puede recuperarse si entiende que rol le cabe cumplir en esta sociedad, puede ser parte y contribuir con su estructura y militancia a la conformación de una alternativa progresista con fuerzas afines, o abrevar en la ola amarilla del macrismo, la verdad que de la mano de Del Sel como de De Narvaez poco respeto expresamos a nuestra historia, terminando siendo parte de una fuerza de centroderecha al estilo del partido popular español.
El radicalismo merecerá subsistir si es fiel a sus mejores historias, a sus luchas populares, a la creación e YPF, a la reforma del 18, a su visión laica y plural de la sociedad, a la educación como instrumento de cambio social, alejado de esto, es un frasco vacío de todo contenido preparado al archivo o para el museo.
viernes 11 de noviembre de 2011
HAS RECORRIDO UN LARGO CAMINO MUCHACHA
Hace exactamente 60 años, el 11 de noviembre de 1951, por primera vez en la historia argentina 3.816.654 mujeres ejercieron su derecho a votar. Concurrió el 90 por ciento del padrón femenino, el 63,9 por ciento lo hizo por la lista justicialista que llevaba a Juan Domingo Perón como candidato a la reelección presidencial y el 30,8 se inclinó por la UCR. De esta forma, un nuevo y crucial escalón en el camino de la inclusión social y la conquista de derechos quedó consagrado.
Un largo camino de luchas fue necesario atravesar en la Argentina y en el mundo para que el sufragio femenino pudiera abrirse paso frente a la resistencia que oponían políticos conservadores y sectores de la opinión pública, entre los que se contaban, hay que decirlo, también muchas mujeres.
El movimiento de las sufragistas obtuvo su primer triunfo en Nueva Zelanda en 1893. El primer país latinoamericano que reconoció el derecho fue Uruguay en 1927, lo que siempre significó un orgullo nacional porque a nivel mundial fueron sextos.
Desde el siglo XIX las mujeres argentinas lucharon por su derecho a sufragar. Cecilia Grierson, la primera mujer en recibirse de médica en la Argentina, participó en 1889 en el segundo Congreso Internacional de Mujeres en Londres, donde el derecho al sufragio figuró como una de las principales reivindicaciones y fundó en 1900 el Consejo de Mujeres. Siete años más tarde, Alicia Moreau de Justo, desde las filas del Partido Socialista, creó el Comité Prosufragio Femenino. Y en 1910, en plena conmemoración del Centenario, se organizó en Buenos Aires un imponente Congreso femenino internacional. Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Julieta Lanteri advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que era la que le correspondía por su domicilio, y cuando llegó el día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia. El Dr. Adolfo Saldías, presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Su-damérica”. La doctora Lanteri se dirigió a La Nación y La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos, y contó el hecho. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro de empadronamiento del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada, y acudió directamente al ministro de Guerra y Marina. Claro, no la aceptaron.
Ese mismo año, Alfredo Palacios presentó el primer proyecto de ley por el voto femenino. Ni siquiera se lo tuvo en cuenta. El Código Civil de 1871 había declarado a las mujeres como “incapaces para participar en política” y la reforma de 1926 declaró la igualdad legal, pero no admitió otorgar ni la patria potestad ni el sufragio.
En 1928, en San Juan, a instancias del gobernador Aldo Cantoni, las sanjuaninas se convirtieron en las primeras en poder expresarse en las urnas, pero la alegría duró lo que Cantoni en el poder, y cuando Hipólito Yrigoyen interviene la provincia, el derecho desaparece. Al año siguiente, Mario Bravo presentó un nuevo proyecto, pero los legisladores lo durmieron en el recinto. Las y los sufragistas se movilizaron, 95.000 boletas electorales con nombre y apellido llegan al Congreso: “Queremos votar” dicen y tras varias presiones se logró que en 1932 se apruebe la ley en Diputados. Durante el debate llevado a cabo con las gradas llenas de mujeres expectantes, el diputado derechista José M. Bustillo pidió que se apruebe la ley pero con voto calificado. En el fondo, se les reconocía capacidad intelectual a las feministas, pero se creía que no todas las mujeres eran así. El abucheo desde las tribunas fue atronador. La Iglesia Católica militó activamente contra los proyectos parlamentarios que intentaban modificar el status jurídico de la mujer. Quien expresó estas ideas con mayor nitidez, y evidentemente sin pudor, fue el diputado Francisco Uriburu: “Cuando veamos a la mujer parada sobre una mesa o en la murga ruidosa de las manifestaciones, habrá perdido todo su encanto”. La mujer debía seguir siendo la Reina del Hogar. Finalmente, la ley fue rechazada en el Senado. El PS insistió junto a sectores de la UCR y en 1938 también se involucró en el tema Victoria Ocampo. En total, desde 1911 se presentaron 22 proyectos que no pudieron prosperar.
Al llegar el peronismo al poder, en 1946, Eva Duarte de Perón tomo el tema como causa central y se puso al frente de esa lucha. El 9 de septiembre de 1947 se sancionó la Ley 13.010, que en su concepto central decía: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y las mismas obligaciones que los varones...”. Dos semanas después, en un masivo acto organizado por la CGT y con toda la estética peronista puesta en escena, Perón le entregó a Evita el texto de la ley; y ella, emocionada, se dirigió a la multitud: “Recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos... resumida en la letra apretada de pocos artículos, una larga historia de luchas, tropiezos y esperanzas”.
En 1952 asumieron sus bancas 23 diputadas y seis senadoras. Desde hoy parece mentira que hace 60 años las mujeres no tenían derecho a votar. La historia de la inclusión y los derechos en Argentina se sigue escribiendo así, con grandes victorias precedidas por tenaces y largas luchas.
Un largo camino de luchas fue necesario atravesar en la Argentina y en el mundo para que el sufragio femenino pudiera abrirse paso frente a la resistencia que oponían políticos conservadores y sectores de la opinión pública, entre los que se contaban, hay que decirlo, también muchas mujeres.
El movimiento de las sufragistas obtuvo su primer triunfo en Nueva Zelanda en 1893. El primer país latinoamericano que reconoció el derecho fue Uruguay en 1927, lo que siempre significó un orgullo nacional porque a nivel mundial fueron sextos.
Desde el siglo XIX las mujeres argentinas lucharon por su derecho a sufragar. Cecilia Grierson, la primera mujer en recibirse de médica en la Argentina, participó en 1889 en el segundo Congreso Internacional de Mujeres en Londres, donde el derecho al sufragio figuró como una de las principales reivindicaciones y fundó en 1900 el Consejo de Mujeres. Siete años más tarde, Alicia Moreau de Justo, desde las filas del Partido Socialista, creó el Comité Prosufragio Femenino. Y en 1910, en plena conmemoración del Centenario, se organizó en Buenos Aires un imponente Congreso femenino internacional. Cuando en 1911 la Municipalidad de Buenos Aires convocó a los vecinos para que actualizaran sus datos en los padrones, en vistas a las elecciones municipales de legisladores, llamó a que lo hicieran los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos. La incansable Julieta Lanteri advirtió que nada se decía sobre el sexo. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, que era la que le correspondía por su domicilio, y cuando llegó el día de las elecciones, votó en el atrio de esa iglesia. El Dr. Adolfo Saldías, presidente de mesa, la saludó y se congratuló “por ser el firmante del documento del primer sufragio de una mujer en el país y en Su-damérica”. La doctora Lanteri se dirigió a La Nación y La Prensa, por entonces los medios escritos más leídos, y contó el hecho. Poco tiempo después, el Concejo Deliberante porteño sancionó una ordenanza donde especificaba claramente que estaba prohibido el voto de las mujeres porque el empadronamiento se basaba en el registro de empadronamiento del servicio militar. Al enterarse de eso, Julieta Lanteri se presentó ante registros militares de Capital Federal, solicitando ser enrolada, y acudió directamente al ministro de Guerra y Marina. Claro, no la aceptaron.
Ese mismo año, Alfredo Palacios presentó el primer proyecto de ley por el voto femenino. Ni siquiera se lo tuvo en cuenta. El Código Civil de 1871 había declarado a las mujeres como “incapaces para participar en política” y la reforma de 1926 declaró la igualdad legal, pero no admitió otorgar ni la patria potestad ni el sufragio.
En 1928, en San Juan, a instancias del gobernador Aldo Cantoni, las sanjuaninas se convirtieron en las primeras en poder expresarse en las urnas, pero la alegría duró lo que Cantoni en el poder, y cuando Hipólito Yrigoyen interviene la provincia, el derecho desaparece. Al año siguiente, Mario Bravo presentó un nuevo proyecto, pero los legisladores lo durmieron en el recinto. Las y los sufragistas se movilizaron, 95.000 boletas electorales con nombre y apellido llegan al Congreso: “Queremos votar” dicen y tras varias presiones se logró que en 1932 se apruebe la ley en Diputados. Durante el debate llevado a cabo con las gradas llenas de mujeres expectantes, el diputado derechista José M. Bustillo pidió que se apruebe la ley pero con voto calificado. En el fondo, se les reconocía capacidad intelectual a las feministas, pero se creía que no todas las mujeres eran así. El abucheo desde las tribunas fue atronador. La Iglesia Católica militó activamente contra los proyectos parlamentarios que intentaban modificar el status jurídico de la mujer. Quien expresó estas ideas con mayor nitidez, y evidentemente sin pudor, fue el diputado Francisco Uriburu: “Cuando veamos a la mujer parada sobre una mesa o en la murga ruidosa de las manifestaciones, habrá perdido todo su encanto”. La mujer debía seguir siendo la Reina del Hogar. Finalmente, la ley fue rechazada en el Senado. El PS insistió junto a sectores de la UCR y en 1938 también se involucró en el tema Victoria Ocampo. En total, desde 1911 se presentaron 22 proyectos que no pudieron prosperar.
Al llegar el peronismo al poder, en 1946, Eva Duarte de Perón tomo el tema como causa central y se puso al frente de esa lucha. El 9 de septiembre de 1947 se sancionó la Ley 13.010, que en su concepto central decía: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y las mismas obligaciones que los varones...”. Dos semanas después, en un masivo acto organizado por la CGT y con toda la estética peronista puesta en escena, Perón le entregó a Evita el texto de la ley; y ella, emocionada, se dirigió a la multitud: “Recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos... resumida en la letra apretada de pocos artículos, una larga historia de luchas, tropiezos y esperanzas”.
En 1952 asumieron sus bancas 23 diputadas y seis senadoras. Desde hoy parece mentira que hace 60 años las mujeres no tenían derecho a votar. La historia de la inclusión y los derechos en Argentina se sigue escribiendo así, con grandes victorias precedidas por tenaces y largas luchas.
martes 8 de noviembre de 2011
ABORTO - LA POLITICA DEL CUERPO por MABEL BELUCCI
A propósito del inicio de la discusión en ámbitos parlamentarios sobre la despenalización del aborto y de las manifestaciones que en distintas ciudades del país reclamaron sobre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, una revisión histórica de cómo el acceso al aborto se fue configurando como una de las principales reivindicaciones del movimiento de mujeres allá por los años ‘60, cuando el mundo era otro mundo
Hacia 1960, el mundo era otro mundo. Estados Unidos irrumpió de una maraña de tendencias animales como fue la Segunda Guerra Mundial con el fin de perpetuarse como la potencia imperialista del planeta. Así, desde sus entrañas se vivieron luchas contra la opresión colonial, manifestaciones de los negros, estudiantiles, de las mujeres y de los homosexuales junto al movimiento contra la guerra colonialista sobre Vietnam. Dentro de esa coyuntura turbulenta, se acuñó el término “revolución sexual” que invitaba al varón y a la mujer a experimentar los placeres por fuera de la coalición “matrimonio-amor-maternidad”.
En ese contexto, surgió como un conejo de la galera el Movimiento de Liberación de la Mujer (Women’s Liberation Movement, conocido también con la abreviatura Women’s Lib) –encargado de posicionar políticamente la demanda de mujeres organizadas en torno del derecho al aborto–. La historiadora Marysa Navarro recuerda que, recién, en la década del ochenta fue bautizado Feminismo de la Segunda Ola.
Hacia fines de 1963, la aparición de la píldora anticonceptiva, su comercialización y su uso se generalizaron en Estados Unidos. Estaba destinada especialmente a las señoras casadas, amas de casa y con un número suficiente de hijos más que a las solteras tentadas a incursionar en una aventura amorosa. La pastilla representó “el mal menor” ante la complicación del aborto clandestino y la numerosa cadena de partos. No obstante, la anticoncepción oral no fue una consecuencia directa de la revolución sexual predicada por el pensador Wilhelm Reich, sino que hubo un interés biopolítico para su desarrollo.
Con anterioridad, las formas más difundidas para evitar una gestación pasaban por el uso del condón, el coitus interruptus, la abstinencia periódica y el aborto, como solución de emergencia. Sin más vueltas, la ensayista Germaine Greer, en su libro Sexo y destino, lo incluía como parte de la práctica anticonceptiva.
Sin embargo, en ciertas feministas asomó un resquemor a la hora de reivindicar el uso de la píldora cuando se hizo público que los testeos implementados por los laboratorios norteamericanos empleaban cuerpos femeninos como conejillos de Indias. Si bien con la píldora no se atravesaban el peligro de muerte o la amenaza concreta de la cárcel como con el aborto ilegal, igualmente, las mujeres acudían a este método difundido puertas para adentro y, a la vez, clandestino puertas para afuera. Por consiguiente, el aborto era tanto hablado en el orden cotidiano como castigado en el orden público. Asimismo, la pastilla, en sus comienzos, al estar destinada para una minoría con privilegios más la exigencia de un compromiso regular de su uso, atentó contra su aceptación generalizada; tampoco aseguraba evitar el riesgo de una posible fecundación, mientras que el aborto significaba lo opuesto, es decir, una solución de hecho frente al hecho consumado. Así, este último se convierte en el medio más eficaz para concluir con un embarazo no deseado en la medida en que haya certeza de no exponer la vida o de ir presa.
Otro dato para no soslayar: en los años sesenta existían generaciones precedentes de mujeres que habían abortado y que, de alguna manera, lo verbalizaban dentro de su entorno. En líneas generales, era cuasi familiar su acogida. En cambio, la anticoncepción oral carecía de trayectoria. Y como todo lo nuevo, por un lado, generaba incertidumbres y, por el otro, se ignoraban sus efectos potenciales. No olvidemos que aún requería de mejoras técnicas adicionales, que había dificultad en el acceso y la poca información que circulaba no era tranquilizadora.
De un modo u otro, a las mujeres se les presentaba la ocasión de escoger en primera persona entre un método conocido y otro por conocer.
CRITICONAS CON GANAS
Pero la píldora no fue lo único innovador en 1963. Hubo un indicador de que algo nuevo salía del cascarón: fue el surgimiento de la obra La Mística Femenina (The Femenine Mystique), de Betty Friedan. Este texto contribuyó a formatear ese malestar de miles de mujeres de mediana edad, de clase media, casadas y con hijos, en el cumplimiento de los roles claves en el reino del hogar. A pesar de ello, Friedan no pudo registrar otras incomodidades también devenidas de la esfera íntima, es decir, los límites a una maternidad no deseada. Tanto la anticoncepción como el aborto no asomaron en su contrapunto entre una realidad idealizada y la vida de sus pares. Quizás, resultaba prematuro escupir tantas verdades sin freno alguno.
Ahora bien, la generación de las casadas a las que Friedan les hablaba se cruzó con las mujeres que luchaban contra la guerra imperial, más el colegiado que hacía lo suyo.
Con la precipitación de las urgencias políticas por la radicalidad de la población negra que bregaba por sus derechos civiles, las integrantes del Women’s Lib entendieron su propia discriminación al profundizar el fenómeno del racismo. A ello se sumó la resistencia contra la guerra en Vietnam que impulsó a jóvenes a usurpar las calles de Nueva York, Chicago, Washington y California, bajo la emblemática consigna “Hagamos el amor, no la guerra”, tal como lo recuerda Marysa Navarro. En cuanto al mundo universitario, estudiantes junto con docentes encarnaban las voces provocadoras. Así, el Movimiento de Liberación de la Mujer quedó configurado en numerosas corrientes.
Entre tanto, las activistas de izquierda cristalizaban un feminismo más heterodoxo y plural por el cruce de clase y etnia que distinguía el salto de las transformaciones que estalló entre los estratos más bajos de la sociedad estadounidense: los negros, los latinoamericanos, los indios y los blancos pobres. Hasta que llegó el momento en que las militantes formadas en las calles y en las universidades y relacionadas con las formas clásicas del debate político, se corrieron de las filas partidarias para generar sus cuartos propios, y dar paso a un enfoque de autonomía sexual. Dentro de esa mirada antipatriarcal, la reapropiación del cuerpo y de la sexualidad femenina desde todos sus rincones ocupó un espacio destacado. Al punto de que la exigencia del aborto voluntario mantuvo su lugar central en la lista de reivindicaciones de estas activistas. Por caso, en los diversos manifiestos feministas que proliferaban en la época, siempre estuvo presente.
La escritora Mildred Adams Kenyon en su artículo “El nuevo feminismo” comentaba que tanto para la prensa amarilla como para la del establishment, Nueva York era la capital del aborto. En esa misma dirección, la escritora María Rosa Oliver, en su texto La Salida, de 1970, relataba haber presenciado una movilización feminista que marchaba por las calles de esa ciudad, bajo el lema “500 dólares el aborto equivale a su prohibición”. Además, denunciaba que en Harlem, dentro de la comunidad puertorriqueña, aumentaba el número de muertes por abortos baratos e inseguros. Mientras la ensayista María Arias en su obra La Liberación de la Mujer, de 1973, identificaba al colectivo New York Radical Women como la punta de lanza en la cuestión del aborto legal. Pero si las activistas no lograban su objetivo, guardaban un plan B bajo la manga. Para Arias se planeaba ya en esos años, cual relato de ciencia ficción, un anticipo de lo que es hoy “Women on Waves”: “fondear un barcohospital en aguas extraterritoriales con médicos y enfermeras voluntarios”.
De esta manera, hacia los años setenta, el Movimiento de Liberación de la Mujer, con una complejidad que fue acrecentándose, percibió un rasgo unificador de convergencia que fue “la política del cuerpo”. Fueron ellas las que tornaron al aborto no como un hecho personal y privado sino como uno político y público. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa puede leerse en ese lema provocativo de la época “un hijo, si quiero y cuando quiera” que no sea la reapropiación de su sexualidad y de su función reproductora?, pregunta ingeniosa, por cierto, que se hicieron Georges Duby y Michelle Perrot en Historia de las Mujeres.
* Activista feminista queer. Integrante de la Campaña Nacional por Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Hacia 1960, el mundo era otro mundo. Estados Unidos irrumpió de una maraña de tendencias animales como fue la Segunda Guerra Mundial con el fin de perpetuarse como la potencia imperialista del planeta. Así, desde sus entrañas se vivieron luchas contra la opresión colonial, manifestaciones de los negros, estudiantiles, de las mujeres y de los homosexuales junto al movimiento contra la guerra colonialista sobre Vietnam. Dentro de esa coyuntura turbulenta, se acuñó el término “revolución sexual” que invitaba al varón y a la mujer a experimentar los placeres por fuera de la coalición “matrimonio-amor-maternidad”.
En ese contexto, surgió como un conejo de la galera el Movimiento de Liberación de la Mujer (Women’s Liberation Movement, conocido también con la abreviatura Women’s Lib) –encargado de posicionar políticamente la demanda de mujeres organizadas en torno del derecho al aborto–. La historiadora Marysa Navarro recuerda que, recién, en la década del ochenta fue bautizado Feminismo de la Segunda Ola.
Hacia fines de 1963, la aparición de la píldora anticonceptiva, su comercialización y su uso se generalizaron en Estados Unidos. Estaba destinada especialmente a las señoras casadas, amas de casa y con un número suficiente de hijos más que a las solteras tentadas a incursionar en una aventura amorosa. La pastilla representó “el mal menor” ante la complicación del aborto clandestino y la numerosa cadena de partos. No obstante, la anticoncepción oral no fue una consecuencia directa de la revolución sexual predicada por el pensador Wilhelm Reich, sino que hubo un interés biopolítico para su desarrollo.
Con anterioridad, las formas más difundidas para evitar una gestación pasaban por el uso del condón, el coitus interruptus, la abstinencia periódica y el aborto, como solución de emergencia. Sin más vueltas, la ensayista Germaine Greer, en su libro Sexo y destino, lo incluía como parte de la práctica anticonceptiva.
Sin embargo, en ciertas feministas asomó un resquemor a la hora de reivindicar el uso de la píldora cuando se hizo público que los testeos implementados por los laboratorios norteamericanos empleaban cuerpos femeninos como conejillos de Indias. Si bien con la píldora no se atravesaban el peligro de muerte o la amenaza concreta de la cárcel como con el aborto ilegal, igualmente, las mujeres acudían a este método difundido puertas para adentro y, a la vez, clandestino puertas para afuera. Por consiguiente, el aborto era tanto hablado en el orden cotidiano como castigado en el orden público. Asimismo, la pastilla, en sus comienzos, al estar destinada para una minoría con privilegios más la exigencia de un compromiso regular de su uso, atentó contra su aceptación generalizada; tampoco aseguraba evitar el riesgo de una posible fecundación, mientras que el aborto significaba lo opuesto, es decir, una solución de hecho frente al hecho consumado. Así, este último se convierte en el medio más eficaz para concluir con un embarazo no deseado en la medida en que haya certeza de no exponer la vida o de ir presa.
Otro dato para no soslayar: en los años sesenta existían generaciones precedentes de mujeres que habían abortado y que, de alguna manera, lo verbalizaban dentro de su entorno. En líneas generales, era cuasi familiar su acogida. En cambio, la anticoncepción oral carecía de trayectoria. Y como todo lo nuevo, por un lado, generaba incertidumbres y, por el otro, se ignoraban sus efectos potenciales. No olvidemos que aún requería de mejoras técnicas adicionales, que había dificultad en el acceso y la poca información que circulaba no era tranquilizadora.
De un modo u otro, a las mujeres se les presentaba la ocasión de escoger en primera persona entre un método conocido y otro por conocer.
CRITICONAS CON GANAS
Pero la píldora no fue lo único innovador en 1963. Hubo un indicador de que algo nuevo salía del cascarón: fue el surgimiento de la obra La Mística Femenina (The Femenine Mystique), de Betty Friedan. Este texto contribuyó a formatear ese malestar de miles de mujeres de mediana edad, de clase media, casadas y con hijos, en el cumplimiento de los roles claves en el reino del hogar. A pesar de ello, Friedan no pudo registrar otras incomodidades también devenidas de la esfera íntima, es decir, los límites a una maternidad no deseada. Tanto la anticoncepción como el aborto no asomaron en su contrapunto entre una realidad idealizada y la vida de sus pares. Quizás, resultaba prematuro escupir tantas verdades sin freno alguno.
Ahora bien, la generación de las casadas a las que Friedan les hablaba se cruzó con las mujeres que luchaban contra la guerra imperial, más el colegiado que hacía lo suyo.
Con la precipitación de las urgencias políticas por la radicalidad de la población negra que bregaba por sus derechos civiles, las integrantes del Women’s Lib entendieron su propia discriminación al profundizar el fenómeno del racismo. A ello se sumó la resistencia contra la guerra en Vietnam que impulsó a jóvenes a usurpar las calles de Nueva York, Chicago, Washington y California, bajo la emblemática consigna “Hagamos el amor, no la guerra”, tal como lo recuerda Marysa Navarro. En cuanto al mundo universitario, estudiantes junto con docentes encarnaban las voces provocadoras. Así, el Movimiento de Liberación de la Mujer quedó configurado en numerosas corrientes.
Entre tanto, las activistas de izquierda cristalizaban un feminismo más heterodoxo y plural por el cruce de clase y etnia que distinguía el salto de las transformaciones que estalló entre los estratos más bajos de la sociedad estadounidense: los negros, los latinoamericanos, los indios y los blancos pobres. Hasta que llegó el momento en que las militantes formadas en las calles y en las universidades y relacionadas con las formas clásicas del debate político, se corrieron de las filas partidarias para generar sus cuartos propios, y dar paso a un enfoque de autonomía sexual. Dentro de esa mirada antipatriarcal, la reapropiación del cuerpo y de la sexualidad femenina desde todos sus rincones ocupó un espacio destacado. Al punto de que la exigencia del aborto voluntario mantuvo su lugar central en la lista de reivindicaciones de estas activistas. Por caso, en los diversos manifiestos feministas que proliferaban en la época, siempre estuvo presente.
La escritora Mildred Adams Kenyon en su artículo “El nuevo feminismo” comentaba que tanto para la prensa amarilla como para la del establishment, Nueva York era la capital del aborto. En esa misma dirección, la escritora María Rosa Oliver, en su texto La Salida, de 1970, relataba haber presenciado una movilización feminista que marchaba por las calles de esa ciudad, bajo el lema “500 dólares el aborto equivale a su prohibición”. Además, denunciaba que en Harlem, dentro de la comunidad puertorriqueña, aumentaba el número de muertes por abortos baratos e inseguros. Mientras la ensayista María Arias en su obra La Liberación de la Mujer, de 1973, identificaba al colectivo New York Radical Women como la punta de lanza en la cuestión del aborto legal. Pero si las activistas no lograban su objetivo, guardaban un plan B bajo la manga. Para Arias se planeaba ya en esos años, cual relato de ciencia ficción, un anticipo de lo que es hoy “Women on Waves”: “fondear un barcohospital en aguas extraterritoriales con médicos y enfermeras voluntarios”.
De esta manera, hacia los años setenta, el Movimiento de Liberación de la Mujer, con una complejidad que fue acrecentándose, percibió un rasgo unificador de convergencia que fue “la política del cuerpo”. Fueron ellas las que tornaron al aborto no como un hecho personal y privado sino como uno político y público. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa puede leerse en ese lema provocativo de la época “un hijo, si quiero y cuando quiera” que no sea la reapropiación de su sexualidad y de su función reproductora?, pregunta ingeniosa, por cierto, que se hicieron Georges Duby y Michelle Perrot en Historia de las Mujeres.
* Activista feminista queer. Integrante de la Campaña Nacional por Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
LA BRUJA MAYOR - ADIOS FANNY EDELMAN, 1911-2011 Por Claudia Korol
Cuando Fanny cuenta la historia, cuando la pinta, cuando la piensa, cuando la siente, cuando la vive... dibuja la trama de un telar de revoluciones inconclusas, de rebeliones derrotadas, de socialismos intentados, de guerras antifascistas, y batallas anticoloniales ganadas. Ella borda la estrella de un mundo soñado en clave de solidaridad. Pinta el convulsionado siglo XX, empujando sus bordes hasta la primera década de este siglo XXI. Fanny corre los límites de lo que se cree posible, hasta vivir con activa lucidez sus cien años.
Fanny guarda la memoria en su cuerpo. Un siglo de insurrecciones, de pasiones, de pueblos en marcha, deja marcas en su piel, enciende luceros en su rostro, transita su sangre alborotada, sombrea sus deslumbrantes ojos grises, se mezcla en su pelo blanco.
Yo la miro partir incrédula. La saludo sin pensar que puede ser la última vez, con un hasta siempre apurado. De todos modos, envuelvo con cuidado su mirada en el lugar de los amores perdidos. La duelo en la madrugada rebelde de noviembre. Una lágrima me derrumba... pero no caigo, no puedo caer... Fanny me dice que no tenemos derecho a detener la marcha. Que quedan tantos dolores en el camino, tantas injusticias a nuestro alrededor, tanta belleza para descubrir, tantas experiencias para compartir. El llanto que se escapa, dibuja su ausencia en un pañuelo blanco, en un pañuelo lila, en un pañuelo verde, en un pañuelo arco iris, en un pañuelo rojo.
Ella se despide serena. Siento su abrazo. Presiento su inquietud por la Cuba amada, por la resistencia hondureña, por las mujeres colombianas. “Hay muchas tareas para realizar”, me dice en un hilito de voz que se va apagando con el siglo. Fanny cultiva la rosa blanca de la amistad en todos los continentes. Fanny organiza a las mujeres, nos enseña, nos pregunta, nos escucha. Fanny marcha en las Brigadas Internacionales junto a la España republicana. Fanny anima campañas solidarias con la Revolución Cubana, con el Chile de Allende, con la Nicaragua sandinista. Fanny dispara ternura en ráfaga contra las dictaduras del continente. Fanny denuncia los crímenes imperialistas en un tiempo de guerra, invasiones, masacres. Duele Afganistán, duele Irak, duele Libia.
Fanny baila en el cielo rojo que abriga los mundos que se creyeron nuevos, junto a las esperanzas que sirven de refugio a muchos pueblos. Comunista desde sus 20 años, cumplió 100 sin perder la vista, la curiosidad, ni la capacidad de asombro. Muchos años después, Fanny se reconoce en la enredadera feminista, volviéndose puente para el encuentro entre marxistas y feministas, tratando de ayudar a saltar los abismos entre las distintas luchas.
Fanny está partiendo. La bruja mayor, la madrina de nuestras aventuras internacionalistas. La que nos enseñó a caminar el mundo por su margen izquierda, reconociendo las huellas de otras mujeres, y pisando junto a ellas para no equivocar el rumbo. Una huella de mujer junto a otras huellas de mujeres del pueblo que enfrentan en las plazas, en las casas y en las camas, la globalización patriarcal, colonialista y capitalista. Una huella de mujer, paso a paso con las huellas diversas de travestis, lesbianas, gays... a quienes Fanny unió su andar, cuando comprendió que la libertad es una sola y debe ser para todas y todos, la misma.
Fanny recita a sus poetas amados: Pablo Neruda, Raúl González Tuñón, Antonio Machado, Nazim Hikmet, José Martí, Paul Eluard, Cesar Vallejo. De poesías hace sus discursos porque sabe que las palabras y las acciones más duras son las que no pierden la ternura jamás.
Fanny se divierte cuando se le cuenta alguna aventura reciente. Es cómplice necesaria de las andanzas solidarias. Es el lazo que no se afloja, aun cuando las diferencias se vuelven grandes, creando distancias significativas. Ella sigue hablando en voz baja, tratando de entender y de ser entendida, respetando, sosteniendo el diálogo, esperando siempre reiniciar la charla. Ella enseña la humildad con la misma naturalidad con la que habla de su paso por Vietnam. Ella enseña que el coraje no se grita ni se declama. Ella se burla de los homenajes pomposos, cuando cruza el umbral de los ochenta.
Fanny enciende una sonrisa hablando de sus nietos y bisnietos... Como las abuelas y bisabuelas, trata de regalarles lo mejor que puede: intenta dejarles un mundo mejor.
Fanny está partiendo, enamorada de todas las revoluciones que sepamos concretar. No lleva maleta para el viaje. Sólo su vida apasionada, rebelde, insumisa, extensa, sabia. Veo a Fanny volar con su escoba embrujada de revoluciones. Fanny, la brigadista, la comunista, la feminista, la bruja mayor, la madrina nuestra, la camarada. La saludo de pie sobre su huella. Un temblor me sacude el alma si es que existe. Siento todavía su abrazo suave en mi espalda, su sonrisa en mi mirada, su ternura aleteando en mi rebeldía.
Fanny guarda la memoria en su cuerpo. Un siglo de insurrecciones, de pasiones, de pueblos en marcha, deja marcas en su piel, enciende luceros en su rostro, transita su sangre alborotada, sombrea sus deslumbrantes ojos grises, se mezcla en su pelo blanco.
Yo la miro partir incrédula. La saludo sin pensar que puede ser la última vez, con un hasta siempre apurado. De todos modos, envuelvo con cuidado su mirada en el lugar de los amores perdidos. La duelo en la madrugada rebelde de noviembre. Una lágrima me derrumba... pero no caigo, no puedo caer... Fanny me dice que no tenemos derecho a detener la marcha. Que quedan tantos dolores en el camino, tantas injusticias a nuestro alrededor, tanta belleza para descubrir, tantas experiencias para compartir. El llanto que se escapa, dibuja su ausencia en un pañuelo blanco, en un pañuelo lila, en un pañuelo verde, en un pañuelo arco iris, en un pañuelo rojo.
Ella se despide serena. Siento su abrazo. Presiento su inquietud por la Cuba amada, por la resistencia hondureña, por las mujeres colombianas. “Hay muchas tareas para realizar”, me dice en un hilito de voz que se va apagando con el siglo. Fanny cultiva la rosa blanca de la amistad en todos los continentes. Fanny organiza a las mujeres, nos enseña, nos pregunta, nos escucha. Fanny marcha en las Brigadas Internacionales junto a la España republicana. Fanny anima campañas solidarias con la Revolución Cubana, con el Chile de Allende, con la Nicaragua sandinista. Fanny dispara ternura en ráfaga contra las dictaduras del continente. Fanny denuncia los crímenes imperialistas en un tiempo de guerra, invasiones, masacres. Duele Afganistán, duele Irak, duele Libia.
Fanny baila en el cielo rojo que abriga los mundos que se creyeron nuevos, junto a las esperanzas que sirven de refugio a muchos pueblos. Comunista desde sus 20 años, cumplió 100 sin perder la vista, la curiosidad, ni la capacidad de asombro. Muchos años después, Fanny se reconoce en la enredadera feminista, volviéndose puente para el encuentro entre marxistas y feministas, tratando de ayudar a saltar los abismos entre las distintas luchas.
Fanny está partiendo. La bruja mayor, la madrina de nuestras aventuras internacionalistas. La que nos enseñó a caminar el mundo por su margen izquierda, reconociendo las huellas de otras mujeres, y pisando junto a ellas para no equivocar el rumbo. Una huella de mujer junto a otras huellas de mujeres del pueblo que enfrentan en las plazas, en las casas y en las camas, la globalización patriarcal, colonialista y capitalista. Una huella de mujer, paso a paso con las huellas diversas de travestis, lesbianas, gays... a quienes Fanny unió su andar, cuando comprendió que la libertad es una sola y debe ser para todas y todos, la misma.
Fanny recita a sus poetas amados: Pablo Neruda, Raúl González Tuñón, Antonio Machado, Nazim Hikmet, José Martí, Paul Eluard, Cesar Vallejo. De poesías hace sus discursos porque sabe que las palabras y las acciones más duras son las que no pierden la ternura jamás.
Fanny se divierte cuando se le cuenta alguna aventura reciente. Es cómplice necesaria de las andanzas solidarias. Es el lazo que no se afloja, aun cuando las diferencias se vuelven grandes, creando distancias significativas. Ella sigue hablando en voz baja, tratando de entender y de ser entendida, respetando, sosteniendo el diálogo, esperando siempre reiniciar la charla. Ella enseña la humildad con la misma naturalidad con la que habla de su paso por Vietnam. Ella enseña que el coraje no se grita ni se declama. Ella se burla de los homenajes pomposos, cuando cruza el umbral de los ochenta.
Fanny enciende una sonrisa hablando de sus nietos y bisnietos... Como las abuelas y bisabuelas, trata de regalarles lo mejor que puede: intenta dejarles un mundo mejor.
Fanny está partiendo, enamorada de todas las revoluciones que sepamos concretar. No lleva maleta para el viaje. Sólo su vida apasionada, rebelde, insumisa, extensa, sabia. Veo a Fanny volar con su escoba embrujada de revoluciones. Fanny, la brigadista, la comunista, la feminista, la bruja mayor, la madrina nuestra, la camarada. La saludo de pie sobre su huella. Un temblor me sacude el alma si es que existe. Siento todavía su abrazo suave en mi espalda, su sonrisa en mi mirada, su ternura aleteando en mi rebeldía.
jueves 3 de noviembre de 2011
EL DEBATE DEL ABORTO EN LA CALLE
Manifestantes a favor y en contra del proyecto de ley compartieron el espacio público sobre la Avenida Rivadavia. Si bien no se registraron incidentes, entre los opositores a la iniciativa hubo amenazas y consignas de tinte neonazi.
Mientras comenzaba en el debate en el interior del Congreso, en la calle el aire se viciaba de una violencia disparatada. Con el pasar de las horas, la Avenida Rivadavia, entre Callao y Riobamba, fue convirtiéndose en un ruedo donde, separados por una valla y efectivos de la Policía Federal, los grupos se disparaban con insultos, cánticos y agresiones varias. De esta forma, ayer cientos de militantes a favor y en contra de la legalización del aborto hicieron “escuchar” sus voces.
“¡Somos la patria!”, gritaban desde el lado opositor a la legalización. “¡Nosotros, el pueblo!”, les respondían desde atrás de las rejas. Sobre Riobamba, banderas argentinas y otras con la frase “Dejame vivir”, había mayoría de adolescentes, convocados a través de Facebook, que marchaban con cruces y banderas de organizaciones como Cristo Rey y María Reina.
Del otro lado, las pancartas rezaban “Es mi cuerpo. Vida sí, muerte no”. De vida o muerte se trataba. “Las mujeres mueren por abortar de forma clandestina” o “Los bebés no tienen la culpa”, los argumentos se disparaban sin mediar reparos.
Gala Garnica tiene 18 años y estudia en el colegio FASTA San Vicente de Paul, de Villa Devoto. Para ella, “una Nación que mata a sus hijos no tiene futuro. Ni un perro mata a sus hijos.” Del otro lado de la valla, Inés Castellano, psicóloga decía: “Soy antiabortista, pero eso no quita que esté a favor de la legalización. La finalidad es evitarlo, por eso pido prevención para no abortar y aborto para no morir.”
El momento de mayor tensión se vivió cuando llegó Alex Frey-re, integrante de la primera pareja homosexual en casarse en el país. Sorpresivamente, se ubicó del lado de los opositores y, desde allí, avivaba con aplausos a sus compañeros que estaban del otro lado de la valla. “Salí de mi trabajo para llegar a la marcha y tenía que pasar por este lado”, confesó a Tiempo Argentino. “Les temen a nuestras voces que son pacíficas. Ellos en cambio, propagan la violencia, quieren impedir la educación sexual que puede evitar el aborto. Acabo de escuchar cómo un hombre dijo: ‘Hay que matarlos a todos a estos negros de mierda.’ Violencia es aceptar que las mujeres sigan muriendo por realizar abortos clandestinos”, agregó Freyre.
Un hombre cuarentón que usaba un rosario a manera de cinturón apartaba a la prensa del contacto con los adolescentes que insultaban a los defensores de la legalización. En ese momento, el fotógrafo de Tiempo Argentino fue “patoteado” por un grupo de jóvenes que no querían ser fotografiados y echado a empujones. Uno de ellos se enfureció y, arremangándose, mostró el tatuaje de una cruz esvástica. A su lado, otro saludaba al grupo de enfrente alzando su mano y emulando el saludo nazi. Se presentaban como integrantes de La Passaponti, facción juvenil del partido Alternativa Social, una agrupación que se dice “nacionalista y patriótica” y cuyo líder es Alejandro Biondini.
“Defiendo la vida. Esta ley sería absurda”, dijo Juan Manuel Maradiaga, futuro abogado de 22 años, estudiante de la UCA. “Lo mismo ocurre con la de matrimonio igualitario. Está comprobado que esa unión tiene poca durabilidad y va en contra de la naturaleza del hombre”, afirmó. A esa altura, del otro lado de las rejas, ya se festejaba un avance histórico respecto de uno de los temas más sensibles para la sociedad argentina. <
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Mientras comenzaba en el debate en el interior del Congreso, en la calle el aire se viciaba de una violencia disparatada. Con el pasar de las horas, la Avenida Rivadavia, entre Callao y Riobamba, fue convirtiéndose en un ruedo donde, separados por una valla y efectivos de la Policía Federal, los grupos se disparaban con insultos, cánticos y agresiones varias. De esta forma, ayer cientos de militantes a favor y en contra de la legalización del aborto hicieron “escuchar” sus voces.
“¡Somos la patria!”, gritaban desde el lado opositor a la legalización. “¡Nosotros, el pueblo!”, les respondían desde atrás de las rejas. Sobre Riobamba, banderas argentinas y otras con la frase “Dejame vivir”, había mayoría de adolescentes, convocados a través de Facebook, que marchaban con cruces y banderas de organizaciones como Cristo Rey y María Reina.
Del otro lado, las pancartas rezaban “Es mi cuerpo. Vida sí, muerte no”. De vida o muerte se trataba. “Las mujeres mueren por abortar de forma clandestina” o “Los bebés no tienen la culpa”, los argumentos se disparaban sin mediar reparos.
Gala Garnica tiene 18 años y estudia en el colegio FASTA San Vicente de Paul, de Villa Devoto. Para ella, “una Nación que mata a sus hijos no tiene futuro. Ni un perro mata a sus hijos.” Del otro lado de la valla, Inés Castellano, psicóloga decía: “Soy antiabortista, pero eso no quita que esté a favor de la legalización. La finalidad es evitarlo, por eso pido prevención para no abortar y aborto para no morir.”
El momento de mayor tensión se vivió cuando llegó Alex Frey-re, integrante de la primera pareja homosexual en casarse en el país. Sorpresivamente, se ubicó del lado de los opositores y, desde allí, avivaba con aplausos a sus compañeros que estaban del otro lado de la valla. “Salí de mi trabajo para llegar a la marcha y tenía que pasar por este lado”, confesó a Tiempo Argentino. “Les temen a nuestras voces que son pacíficas. Ellos en cambio, propagan la violencia, quieren impedir la educación sexual que puede evitar el aborto. Acabo de escuchar cómo un hombre dijo: ‘Hay que matarlos a todos a estos negros de mierda.’ Violencia es aceptar que las mujeres sigan muriendo por realizar abortos clandestinos”, agregó Freyre.
Un hombre cuarentón que usaba un rosario a manera de cinturón apartaba a la prensa del contacto con los adolescentes que insultaban a los defensores de la legalización. En ese momento, el fotógrafo de Tiempo Argentino fue “patoteado” por un grupo de jóvenes que no querían ser fotografiados y echado a empujones. Uno de ellos se enfureció y, arremangándose, mostró el tatuaje de una cruz esvástica. A su lado, otro saludaba al grupo de enfrente alzando su mano y emulando el saludo nazi. Se presentaban como integrantes de La Passaponti, facción juvenil del partido Alternativa Social, una agrupación que se dice “nacionalista y patriótica” y cuyo líder es Alejandro Biondini.
“Defiendo la vida. Esta ley sería absurda”, dijo Juan Manuel Maradiaga, futuro abogado de 22 años, estudiante de la UCA. “Lo mismo ocurre con la de matrimonio igualitario. Está comprobado que esa unión tiene poca durabilidad y va en contra de la naturaleza del hombre”, afirmó. A esa altura, del otro lado de las rejas, ya se festejaba un avance histórico respecto de uno de los temas más sensibles para la sociedad argentina. <
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LOS INDIGNADOS - JOSE NUN
E
ste año pasará a la historia como el año en que adquirió una fuerza arrolladora la ola de descontento que recorre buena parte del mundo. Varían sus escenarios y también sus causas inmediatas. A fines de 2010 comenzó la "primavera árabe". Después, las movilizaciones se extendieron desde Grecia hasta Alemania y desde Jerusalén hasta Nueva Delhi. El 15 de mayo aparecieron los "indignados" españoles. En septiembre se inició el sitio simbólico a Wall Street. Y en octubre, el proclamado "Día de la Revolución Mundial" suscitó adhesiones multitudinarias en casi 1000 ciudades de 82 países. ¿Qué está pasando? Las demandas de igualdad y de justicia social aparecen como los denominadores comunes del fenómeno. Pero sus desencadenantes son diversos y aquí me ocuparé del que más puede afectarnos. Por eso elijo hablar, en especial, de Estados Unidos.
Hay un primer nivel de análisis que es lisa y llanamente el del escándalo. En 2008, el año en que estalló la crisis económica mundial, los directivos de las principales empresas que la provocaron recibieron las mayores bonificaciones de la historia. Más aún, usaron para ello una parte de los cuantiosos fondos de rescate que obtuvieron del gobierno. Hasta The Economist , la muy flemática y conservadora publicación inglesa, expresó su desagrado y no se privó de hablar de "saqueo" y de "extorsión" (31/01/2009). Tampoco logró contenerse Dick Durbin, encumbrado senador demócrata: "Francamente, los bancos son los dueños de este lugar".
Avancemos un paso más. Desde la Gran Depresión, nunca hubo en Estados Unidos una desigualdad de ingresos y de riqueza tan alta como la actual. Entre 1979 y 2007 (antes de la crisis), el 1% de las familias más ricas se apropió del 60% del crecimiento total de la riqueza. Inversamente, el 90% de los hogares recibió menos del 9%. Como se desprende de estos datos, se trata de un proceso sostenido que cubrió casi tres décadas. ¿Por qué, entonces, la protesta surge recién ahora?
Han operado dos factores en particular que se volvieron muy evidentes. Desde la Segunda Guerra Mundial, una de las grandes diferencias entre los modelos de desarrollo norteamericano y europeo fue que aquél fincó el bienestar colectivo en el crecimiento del empleo, mientras que el segundo le dio especial énfasis a la protección social. De ahí que, comparativamente, las tasas de desocupación de Estados Unidos hayan sido siempre más bajas y los Estados de Bienestar europeos, mucho más potentes. También fue distinta la tolerancia respectiva ante la desigualdad. Según el credo norteamericano, el capitalismo se encarga de dar trabajo, y si las leyes y las oportunidades son iguales para todos, es legítimo que haya quienes se enriquezcan más que otros. From rags to riches (de los harapos a las riquezas) gracias al esfuerzo personal sigue siendo uno de sus mitos constitutivos.
Estos son precisamente los dos factores que se derrumbaron en forma estrepitosa. La tasa de desocupación de Estados Unidos es hoy semejante a la de 1929/30, dejando a un lado las manipulaciones estadísticas. Sucede que, desde 1994, se decidió que el desempleo superior a un año fuera excluido del cálculo; si se lo incluyese, su volumen superaría ahora el 22% (y el 40% entre los jóvenes). Esto es, hace rato que el sistema en su conjunto ya casi no crea puestos de trabajo. Por si fuera poco, la crisis hizo variar también las percepciones de la gente acerca de cómo acumularon realmente su fortuna muchos de los ricos. Se explica la indignación general cuando quedaron al descubierto los fraudes masivos de los poderosos, protegidos por los políticos. La desigualdad se volvió intolerable y la protesta sentó sus reales frente a Wall Street, para esparcirse enseguida por el resto del país. Tres semanas después, el propio presidente Obama declaraba que "entendía a los manifestantes" y el economista Paul Krugman calificaba a Wall Street como "una fuerza destructiva, económica y políticamente". (A su vez, los presidentes de la Comisión Europea y del Consejo de Europa consideraron "legítimas" y "comprensibles" las movilizaciones similares que tenían lugar en sus países.) En cambio, Mitt Romney, precandidato republicano a la presidencia, anunció que había comenzado la "guerra de clases". (La historia se repite pero sus lecciones no se aprenden. En 1919, cuando se inició en Turín el movimiento de los consejos de fábrica, Giovanni Agnelli, presidente de la Fiat, usó exactamente las mismas palabras que Romney. Claro que el final no fue el socialismo sino el ascenso al poder de Mussolini, que había fundado ese año los fascios italianos. Conviene no olvidar que en Estados Unidos viene creciendo desde 2009 el Tea Party.)
Existe un tercer factor, que es estructural y requiere alguna elaboración. Desde el fin de la guerra, a ambos lados del océano, la principal preocupación macroeconómica había sido el empleo, que, de la mano de Keynes, se consideraba una inversión y no un gasto. Fue uno de los soportes de los llamados "30 años gloriosos", cuando en la agenda empresaria tenían mucho menos relevancia los accionistas que los trabajadores, los clientes y la competencia. Esto dejó de ser así en la década del 70, con el fulgurante ascenso del capital financiero y una globalización fogoneada por la llamada libertad de comercio y el movimiento internacional de los capitales. El neoliberalismo sepultaba a Keynes y, no casualmente, la inflación se convertía en la máxima prioridad. Ahora, el papel protagónico lo tenían los accionistas, escasamente interesados en el crecimiento mismo de las empresas del sector productivo y siempre ansiosos por un rápido reparto de utilidades, en desmedro de la inversión. El "capital impaciente" generó así una burbuja bursátil cuyas consecuencias están a la vista. Declinó fuertemente la tasa de inversión en esas empresas y se expandieron los consumos de las clases altas más allá de lo sostenible. La secuela fue un déficit enorme de la balanza comercial, financiado por una deuda externa que, en 2007, equivalía al 370% del PBI.
Paralelamente, se desató una orgía desregulatoria que, entre otras cosas, derogó la ley Glass-Steagall, de 1933, que prohibía a los bancos con depósitos asegurados embarcarse en inversiones de riesgo. Pareció la gran solución. Entre 1979 y 2007, el ingreso del 0,1% de los hogares más ricos había aumentado un 390%, mientras que el del 90% de las familias subió apenas un 5. Más aún: el salario real de los trabajadores permaneció estancado. ¿Cómo alimentar entonces la demanda del mercado interno? Sencillo: entre 2000 y 2006 se triplicaron los préstamos hipotecarios de mala calidad, se los usó tramposamente como garantías de un sinnúmero de "derivados" y se armó una nueva e impresionante burbuja que condujo a la gran crisis actual. Sus responsables, por un lado, dejaron en la calle a millones de trabajadores y de pequeños y medianos propietarios, y, por el otro, no tuvieron ningún pudor en exigir que el gobierno destinase cuantiosos fondos públicos para salvarlos a ellos. ¿Y su tan declamado antiestatismo? En un excelente libro sobre el tema, Gérard Duménil y Dominique Lévy dan una respuesta rotunda: "El neoliberalismo no tiene nada que ver con los principios o la ideología. Es un orden social dirigido a sostener el poder y el ingreso de las clases altas".
Se sigue de lo dicho que en Estados Unidos (y en Europa) no basta hoy con barajar y dar de nuevo para salir de la crisis. Se necesita cambiar las reglas del juego. La Gran Depresión desembocó en el New Deal, que en su segunda fase protegió a los más débiles, creó el seguro de desempleo, fortaleció a los sindicatos, reformó los mercados financieros y le dio una nueva dinámica a la economía.
Es improbable pero no imposible que vuelva a ocurrir algo parecido. Mucho depende, precisamente, de que prospere y se amplíe el movimiento de los indignados. Y aquí entra en escena la Argentina. Porque los planes de ajuste y de recorte del gasto que anuncia la derecha amenazan llevar a Estados Unidos (y a Europa) a un largo período de estancamiento y de eventual colapso, sin perjuicio del simultáneo y peligroso ascenso de un belicismo expansionista que se halla en pleno avance. Los efectos sobre nuestro país no por indirectos serían menos graves.
Basten dos menciones. China, uno de nuestros grandes mercados, resultaría muy afectada tanto en el plano financiero (es acreedora de casi un 10% de la deuda nacional norteamericana) como en el productivo (1/3 de sus trabajadores industriales están empleados en el sector exportador). Además, se encuentra muy ligado a Estados Unidos nuestro vecino Brasil, país al que se dirigen el 20% del total de nuestras exportaciones y el 40% de nuestras exportaciones industriales, que ya empezaron a desacelerarse. Es decir que hasta por motivos puramente egoístas los indignados del Norte son también un asunto nuestro.
ste año pasará a la historia como el año en que adquirió una fuerza arrolladora la ola de descontento que recorre buena parte del mundo. Varían sus escenarios y también sus causas inmediatas. A fines de 2010 comenzó la "primavera árabe". Después, las movilizaciones se extendieron desde Grecia hasta Alemania y desde Jerusalén hasta Nueva Delhi. El 15 de mayo aparecieron los "indignados" españoles. En septiembre se inició el sitio simbólico a Wall Street. Y en octubre, el proclamado "Día de la Revolución Mundial" suscitó adhesiones multitudinarias en casi 1000 ciudades de 82 países. ¿Qué está pasando? Las demandas de igualdad y de justicia social aparecen como los denominadores comunes del fenómeno. Pero sus desencadenantes son diversos y aquí me ocuparé del que más puede afectarnos. Por eso elijo hablar, en especial, de Estados Unidos.
Hay un primer nivel de análisis que es lisa y llanamente el del escándalo. En 2008, el año en que estalló la crisis económica mundial, los directivos de las principales empresas que la provocaron recibieron las mayores bonificaciones de la historia. Más aún, usaron para ello una parte de los cuantiosos fondos de rescate que obtuvieron del gobierno. Hasta The Economist , la muy flemática y conservadora publicación inglesa, expresó su desagrado y no se privó de hablar de "saqueo" y de "extorsión" (31/01/2009). Tampoco logró contenerse Dick Durbin, encumbrado senador demócrata: "Francamente, los bancos son los dueños de este lugar".
Avancemos un paso más. Desde la Gran Depresión, nunca hubo en Estados Unidos una desigualdad de ingresos y de riqueza tan alta como la actual. Entre 1979 y 2007 (antes de la crisis), el 1% de las familias más ricas se apropió del 60% del crecimiento total de la riqueza. Inversamente, el 90% de los hogares recibió menos del 9%. Como se desprende de estos datos, se trata de un proceso sostenido que cubrió casi tres décadas. ¿Por qué, entonces, la protesta surge recién ahora?
Han operado dos factores en particular que se volvieron muy evidentes. Desde la Segunda Guerra Mundial, una de las grandes diferencias entre los modelos de desarrollo norteamericano y europeo fue que aquél fincó el bienestar colectivo en el crecimiento del empleo, mientras que el segundo le dio especial énfasis a la protección social. De ahí que, comparativamente, las tasas de desocupación de Estados Unidos hayan sido siempre más bajas y los Estados de Bienestar europeos, mucho más potentes. También fue distinta la tolerancia respectiva ante la desigualdad. Según el credo norteamericano, el capitalismo se encarga de dar trabajo, y si las leyes y las oportunidades son iguales para todos, es legítimo que haya quienes se enriquezcan más que otros. From rags to riches (de los harapos a las riquezas) gracias al esfuerzo personal sigue siendo uno de sus mitos constitutivos.
Estos son precisamente los dos factores que se derrumbaron en forma estrepitosa. La tasa de desocupación de Estados Unidos es hoy semejante a la de 1929/30, dejando a un lado las manipulaciones estadísticas. Sucede que, desde 1994, se decidió que el desempleo superior a un año fuera excluido del cálculo; si se lo incluyese, su volumen superaría ahora el 22% (y el 40% entre los jóvenes). Esto es, hace rato que el sistema en su conjunto ya casi no crea puestos de trabajo. Por si fuera poco, la crisis hizo variar también las percepciones de la gente acerca de cómo acumularon realmente su fortuna muchos de los ricos. Se explica la indignación general cuando quedaron al descubierto los fraudes masivos de los poderosos, protegidos por los políticos. La desigualdad se volvió intolerable y la protesta sentó sus reales frente a Wall Street, para esparcirse enseguida por el resto del país. Tres semanas después, el propio presidente Obama declaraba que "entendía a los manifestantes" y el economista Paul Krugman calificaba a Wall Street como "una fuerza destructiva, económica y políticamente". (A su vez, los presidentes de la Comisión Europea y del Consejo de Europa consideraron "legítimas" y "comprensibles" las movilizaciones similares que tenían lugar en sus países.) En cambio, Mitt Romney, precandidato republicano a la presidencia, anunció que había comenzado la "guerra de clases". (La historia se repite pero sus lecciones no se aprenden. En 1919, cuando se inició en Turín el movimiento de los consejos de fábrica, Giovanni Agnelli, presidente de la Fiat, usó exactamente las mismas palabras que Romney. Claro que el final no fue el socialismo sino el ascenso al poder de Mussolini, que había fundado ese año los fascios italianos. Conviene no olvidar que en Estados Unidos viene creciendo desde 2009 el Tea Party.)
Existe un tercer factor, que es estructural y requiere alguna elaboración. Desde el fin de la guerra, a ambos lados del océano, la principal preocupación macroeconómica había sido el empleo, que, de la mano de Keynes, se consideraba una inversión y no un gasto. Fue uno de los soportes de los llamados "30 años gloriosos", cuando en la agenda empresaria tenían mucho menos relevancia los accionistas que los trabajadores, los clientes y la competencia. Esto dejó de ser así en la década del 70, con el fulgurante ascenso del capital financiero y una globalización fogoneada por la llamada libertad de comercio y el movimiento internacional de los capitales. El neoliberalismo sepultaba a Keynes y, no casualmente, la inflación se convertía en la máxima prioridad. Ahora, el papel protagónico lo tenían los accionistas, escasamente interesados en el crecimiento mismo de las empresas del sector productivo y siempre ansiosos por un rápido reparto de utilidades, en desmedro de la inversión. El "capital impaciente" generó así una burbuja bursátil cuyas consecuencias están a la vista. Declinó fuertemente la tasa de inversión en esas empresas y se expandieron los consumos de las clases altas más allá de lo sostenible. La secuela fue un déficit enorme de la balanza comercial, financiado por una deuda externa que, en 2007, equivalía al 370% del PBI.
Paralelamente, se desató una orgía desregulatoria que, entre otras cosas, derogó la ley Glass-Steagall, de 1933, que prohibía a los bancos con depósitos asegurados embarcarse en inversiones de riesgo. Pareció la gran solución. Entre 1979 y 2007, el ingreso del 0,1% de los hogares más ricos había aumentado un 390%, mientras que el del 90% de las familias subió apenas un 5. Más aún: el salario real de los trabajadores permaneció estancado. ¿Cómo alimentar entonces la demanda del mercado interno? Sencillo: entre 2000 y 2006 se triplicaron los préstamos hipotecarios de mala calidad, se los usó tramposamente como garantías de un sinnúmero de "derivados" y se armó una nueva e impresionante burbuja que condujo a la gran crisis actual. Sus responsables, por un lado, dejaron en la calle a millones de trabajadores y de pequeños y medianos propietarios, y, por el otro, no tuvieron ningún pudor en exigir que el gobierno destinase cuantiosos fondos públicos para salvarlos a ellos. ¿Y su tan declamado antiestatismo? En un excelente libro sobre el tema, Gérard Duménil y Dominique Lévy dan una respuesta rotunda: "El neoliberalismo no tiene nada que ver con los principios o la ideología. Es un orden social dirigido a sostener el poder y el ingreso de las clases altas".
Se sigue de lo dicho que en Estados Unidos (y en Europa) no basta hoy con barajar y dar de nuevo para salir de la crisis. Se necesita cambiar las reglas del juego. La Gran Depresión desembocó en el New Deal, que en su segunda fase protegió a los más débiles, creó el seguro de desempleo, fortaleció a los sindicatos, reformó los mercados financieros y le dio una nueva dinámica a la economía.
Es improbable pero no imposible que vuelva a ocurrir algo parecido. Mucho depende, precisamente, de que prospere y se amplíe el movimiento de los indignados. Y aquí entra en escena la Argentina. Porque los planes de ajuste y de recorte del gasto que anuncia la derecha amenazan llevar a Estados Unidos (y a Europa) a un largo período de estancamiento y de eventual colapso, sin perjuicio del simultáneo y peligroso ascenso de un belicismo expansionista que se halla en pleno avance. Los efectos sobre nuestro país no por indirectos serían menos graves.
Basten dos menciones. China, uno de nuestros grandes mercados, resultaría muy afectada tanto en el plano financiero (es acreedora de casi un 10% de la deuda nacional norteamericana) como en el productivo (1/3 de sus trabajadores industriales están empleados en el sector exportador). Además, se encuentra muy ligado a Estados Unidos nuestro vecino Brasil, país al que se dirigen el 20% del total de nuestras exportaciones y el 40% de nuestras exportaciones industriales, que ya empezaron a desacelerarse. Es decir que hasta por motivos puramente egoístas los indignados del Norte son también un asunto nuestro.
martes 25 de octubre de 2011
DETRAS ESTA LA GENTE
Dos de los opositores más encarnizados, Elisa Carrió y Eduardo Duhalde, salieron realmente vapuleados, palizeados, arrojados a la insignificancia electoral.
Al Ex Presidente que blindo su discurso, chicaneo con las banderas o estandartes setentistas, contra el matrimonio igualitario, solo se le brindo la alegria de triunfar en la base Marambio, “Lilita” luego de ver el discurso de ayer frente a un poco mas del 1 y pico porcentual llamando a la resistencia justifico las chicanas de que no tiene los patitos en fila. Los huracanes que de tanto en tanto pronóstico se la terminaron llevando.
Allí radicalismo quedó realmente herido, a Julio Cobos solo le han cabido las bromas, las chanzas o un futuro como Ingeniero, es parte de un pasado que la desaparición de Néstor Kirchner dejo sin escenario, lo mismo que al colorado aliado pasajero de Ricardo Alfonsín. Desde hace años parece que el radicalismo se esmera en diluir su perfil en arriar sus banderas históricas vinculadas al campo nacional y popular. Alfonsín pasó de ser hace meses un dirigente de buena imagen positiva a un candidato al que sus insolidarios correligionarios no querían ni ver cerca.
Solo el Frente Amplio Progresista tuvo algunas razones para el festejo, cosecho en un breve lapso una buena cantidad de votos, pero no pocos son los que le auguran la suerte efímera de los Bordón, los Frepaso, los PI o los Carrio. La duda es si Binner desde el llano lograra ir acercando a sectores que fueron compañeros de ruta o ex aliados, la cosecha de Pino fue más que magra lo mismo que la de la Coalición Cívica.
Lo que si es cierto es que quien no elabore un discurso propositivo, quien no decida aceptar y acompañar lo bueno y discutir alternativas a lo mejorable, solo encontrara reveses electorales, las urnas mejor dicho la gente castigo a los que al decir de Cristina miran el dedo y no la luna.
La oposición paso del doble comando, a los temas privados de salud, creyeron que la Ciudadanía se enojaría por la ley de medios o por las corruptelas de Shoklender y los escándalos, la oposición o parte de ella creyó que la realidad pasaba por TN o por algunas tapas como si estas fueran la verdadera realidad, pero esta, se sitúa en otro lado.
La gente esta bien, subió el nivel de empleo, la proporción de trabajadores formales, y su salario real. Si bien no se llego al 82 % móvil y hay miles de sentencias y juicios previsionales pendientes, aumento la cantidad de jubilados, amas de casa personas que habían trabajado informalmente, sus haberes aumentan cada semestre. Solo imbécil es pueden criticar de fondo a la Asignación Universal por Hijo (AUH) estas superan los 3.500.000 beneficiarios. El interior que parecía prenderse fuego no es tan así, la cantidad de áreas cultivadas han crecido, las compras de electrodomésticos, las escrituraciones la compra de vehículos. A esto podemos sumarle el matrimonio igualitario, los juicios de derechos humanos, etc.
Quiero detenerme en un detalle de las festejos de ayer, quizás como nunca se vio la pluralidad o diversidad que encarna el Kirchnerismo, no estaban solo los sectores habituales de la liturgia peronista, había una inmensidad de jóvenes, había banderas latinoamericanas, de comunidades originarias, de movimientos sociales,de genero a las imágenes de Cristina se sumaban las del Che, las de Tupac Amaru o las de Evita, pero no la del clásico rodete esa muy linda la del pelo al viento.
Muchas mujeres, mucha juventud, muchos trabajadores y clase media, mucha gente con una inmensa alegría sintiéndose parte de algo.
El Kirchnerismo tiene problemas con las formas, tiene cierta lectura maniquea de la realidad y de la historia, entre quienes no lo acompañaron con su voto hay quienes luchamos y militamos por un país más solidario y más plural y no somos enemigos. Hay una tarea que debemos ambos sectores llevar adelante, el oficialismo entender que algo valorable hay en quienes disienten y en la oposicion abandonar los clichés y los prejuicios antes de que queden solos resistiendo con Carrio en alguna playa esteña.
Crisologo Larralde al ver el 17 de octubre y frente a criticas impiadosa de algunos sus correligionarios dijo ayer vi pasar a mis hermanos, viendo el festejo multitudinario y diverso de ayer la hago mía esa frase, no hace falta pensar lo mismo, hace falta en base a lo ya logrado ver en que coincidimos y en que disentimos en ese sueño el de nuestros mayores, el hacer una Argentina grande y justa. Que así sea
Al Ex Presidente que blindo su discurso, chicaneo con las banderas o estandartes setentistas, contra el matrimonio igualitario, solo se le brindo la alegria de triunfar en la base Marambio, “Lilita” luego de ver el discurso de ayer frente a un poco mas del 1 y pico porcentual llamando a la resistencia justifico las chicanas de que no tiene los patitos en fila. Los huracanes que de tanto en tanto pronóstico se la terminaron llevando.
Allí radicalismo quedó realmente herido, a Julio Cobos solo le han cabido las bromas, las chanzas o un futuro como Ingeniero, es parte de un pasado que la desaparición de Néstor Kirchner dejo sin escenario, lo mismo que al colorado aliado pasajero de Ricardo Alfonsín. Desde hace años parece que el radicalismo se esmera en diluir su perfil en arriar sus banderas históricas vinculadas al campo nacional y popular. Alfonsín pasó de ser hace meses un dirigente de buena imagen positiva a un candidato al que sus insolidarios correligionarios no querían ni ver cerca.
Solo el Frente Amplio Progresista tuvo algunas razones para el festejo, cosecho en un breve lapso una buena cantidad de votos, pero no pocos son los que le auguran la suerte efímera de los Bordón, los Frepaso, los PI o los Carrio. La duda es si Binner desde el llano lograra ir acercando a sectores que fueron compañeros de ruta o ex aliados, la cosecha de Pino fue más que magra lo mismo que la de la Coalición Cívica.
Lo que si es cierto es que quien no elabore un discurso propositivo, quien no decida aceptar y acompañar lo bueno y discutir alternativas a lo mejorable, solo encontrara reveses electorales, las urnas mejor dicho la gente castigo a los que al decir de Cristina miran el dedo y no la luna.
La oposición paso del doble comando, a los temas privados de salud, creyeron que la Ciudadanía se enojaría por la ley de medios o por las corruptelas de Shoklender y los escándalos, la oposición o parte de ella creyó que la realidad pasaba por TN o por algunas tapas como si estas fueran la verdadera realidad, pero esta, se sitúa en otro lado.
La gente esta bien, subió el nivel de empleo, la proporción de trabajadores formales, y su salario real. Si bien no se llego al 82 % móvil y hay miles de sentencias y juicios previsionales pendientes, aumento la cantidad de jubilados, amas de casa personas que habían trabajado informalmente, sus haberes aumentan cada semestre. Solo imbécil es pueden criticar de fondo a la Asignación Universal por Hijo (AUH) estas superan los 3.500.000 beneficiarios. El interior que parecía prenderse fuego no es tan así, la cantidad de áreas cultivadas han crecido, las compras de electrodomésticos, las escrituraciones la compra de vehículos. A esto podemos sumarle el matrimonio igualitario, los juicios de derechos humanos, etc.
Quiero detenerme en un detalle de las festejos de ayer, quizás como nunca se vio la pluralidad o diversidad que encarna el Kirchnerismo, no estaban solo los sectores habituales de la liturgia peronista, había una inmensidad de jóvenes, había banderas latinoamericanas, de comunidades originarias, de movimientos sociales,de genero a las imágenes de Cristina se sumaban las del Che, las de Tupac Amaru o las de Evita, pero no la del clásico rodete esa muy linda la del pelo al viento.
Muchas mujeres, mucha juventud, muchos trabajadores y clase media, mucha gente con una inmensa alegría sintiéndose parte de algo.
El Kirchnerismo tiene problemas con las formas, tiene cierta lectura maniquea de la realidad y de la historia, entre quienes no lo acompañaron con su voto hay quienes luchamos y militamos por un país más solidario y más plural y no somos enemigos. Hay una tarea que debemos ambos sectores llevar adelante, el oficialismo entender que algo valorable hay en quienes disienten y en la oposicion abandonar los clichés y los prejuicios antes de que queden solos resistiendo con Carrio en alguna playa esteña.
Crisologo Larralde al ver el 17 de octubre y frente a criticas impiadosa de algunos sus correligionarios dijo ayer vi pasar a mis hermanos, viendo el festejo multitudinario y diverso de ayer la hago mía esa frase, no hace falta pensar lo mismo, hace falta en base a lo ya logrado ver en que coincidimos y en que disentimos en ese sueño el de nuestros mayores, el hacer una Argentina grande y justa. Que así sea
lunes 17 de octubre de 2011
LOS DINOSAURIOS Y LOS DISCURSOS REMANIDOS
Estos tiempos políticos que corren y los que indefectiblemente vienen, dan cuenta de la inviabilidad o mejor dicho inutilidad de ciertas praxis políticas. Una de ellas es limitar el accionar político a la denuncia, así las cosas desde los 90 la judicialización de la política es un hecho diario, no existe portada de los ahora llamados medios hegemónicos que no haga referencia a tal o cual causa, a tal o cual denuncia, mismo el ir a radicarla y la consiguiente conferencia de Prensa es parte ya de una escenografía repetida, la imagen de legisladores con carpetas en las escalinatas de Comodoro Py.
Esa idea de fiscales de la Republica, de honestísimo como alguna vez señalo Caparros, a la gente ya siquiera le hace ruido ni mella. Nadie duda la existencia de corrupción o de escasa trasparencia pero el mecanismo de la denuncia permanente del Apocalipsis anunciado, de los cataclismos por venir y de la Republica que debe ser salvada como argumento permanente, no da frutos.
Las comparaciones del entonces matrimonio presidencial con Ceacescu o la tapa de Noticias con el uniforme de Pinochet, tienen correlato con los pedidos grondonianos o de Biolcatti de que la oposición debe unirse algo así como en un comité de salvación nacional o mejor dicho una remake de la Unión Democrática frente al Nazifascismo.
Esto último es otra práctica política que se ha venido dando desde hace años, aplaudida y promovida desde muchos sectores y lo peor que algunos la han comprado.
Quienes apostaron al discurso meramente republicanista de lucha contra un régimen autoritario, uniéndose con cualquiera y de cualquier modo se desayunaron con magrisimas cosechas electorales con el triste panorama que de agosto a ahora sus menguadas fuerzas se siguen cayendo.
Encima ensayaron el discurso que en otros criticaron, de que con un poco de Tinelli y un Plasma , la votan, parece mentira que personas que hacen de la política su tarea diaria no lleguen a entender las razones algunas veces complejas y otras veces muy simples de un voto, la gente si esta mejor o si esta bien, pretende seguir igual, quizás por ello obtengan mejores resultados quienes sean propositivos y apunten a mejorar lo hasta aquí logrado, de quienes son meramente negadores y refutadotes de todo.
Días atrás se criticaba a un candidato y a sus fuerzas de ser funcionales al gobierno por que votaron algunas leyes con ellos, solo en la concepción maniquea que los mismos opositores critican del del gobierno puede aceptarse esa critica, ya que parece ser que ser opositor es negarse a todo y no acompañar lo que ideológica o programaticamente se sostiene.
Son muchas las teorías sobre por que desaparecieron los dinosaurios, quizás el domingo algunos empiezan a pensar en cambiar hábitos si quieren sobrevivir y otros seguirán insistiendo hasta la desaparición y por cierto no se perdera mucho.
Seria fantástico que en la Argentina el oficialismo entienda que se puede equivocarse y que quienes se lo señalan o se opone puntualmente a algo no son servidores de Magnetto o abandonaron lo que llamabamos el campo popular, y que los opositores apunten a construir soluciones mejoradas de una sociedad que espantada de experiencias y tragedias históricas elige vivir mejor, con pluralismo, inclusión social y desarrollo.
Esa idea de fiscales de la Republica, de honestísimo como alguna vez señalo Caparros, a la gente ya siquiera le hace ruido ni mella. Nadie duda la existencia de corrupción o de escasa trasparencia pero el mecanismo de la denuncia permanente del Apocalipsis anunciado, de los cataclismos por venir y de la Republica que debe ser salvada como argumento permanente, no da frutos.
Las comparaciones del entonces matrimonio presidencial con Ceacescu o la tapa de Noticias con el uniforme de Pinochet, tienen correlato con los pedidos grondonianos o de Biolcatti de que la oposición debe unirse algo así como en un comité de salvación nacional o mejor dicho una remake de la Unión Democrática frente al Nazifascismo.
Esto último es otra práctica política que se ha venido dando desde hace años, aplaudida y promovida desde muchos sectores y lo peor que algunos la han comprado.
Quienes apostaron al discurso meramente republicanista de lucha contra un régimen autoritario, uniéndose con cualquiera y de cualquier modo se desayunaron con magrisimas cosechas electorales con el triste panorama que de agosto a ahora sus menguadas fuerzas se siguen cayendo.
Encima ensayaron el discurso que en otros criticaron, de que con un poco de Tinelli y un Plasma , la votan, parece mentira que personas que hacen de la política su tarea diaria no lleguen a entender las razones algunas veces complejas y otras veces muy simples de un voto, la gente si esta mejor o si esta bien, pretende seguir igual, quizás por ello obtengan mejores resultados quienes sean propositivos y apunten a mejorar lo hasta aquí logrado, de quienes son meramente negadores y refutadotes de todo.
Días atrás se criticaba a un candidato y a sus fuerzas de ser funcionales al gobierno por que votaron algunas leyes con ellos, solo en la concepción maniquea que los mismos opositores critican del del gobierno puede aceptarse esa critica, ya que parece ser que ser opositor es negarse a todo y no acompañar lo que ideológica o programaticamente se sostiene.
Son muchas las teorías sobre por que desaparecieron los dinosaurios, quizás el domingo algunos empiezan a pensar en cambiar hábitos si quieren sobrevivir y otros seguirán insistiendo hasta la desaparición y por cierto no se perdera mucho.
Seria fantástico que en la Argentina el oficialismo entienda que se puede equivocarse y que quienes se lo señalan o se opone puntualmente a algo no son servidores de Magnetto o abandonaron lo que llamabamos el campo popular, y que los opositores apunten a construir soluciones mejoradas de una sociedad que espantada de experiencias y tragedias históricas elige vivir mejor, con pluralismo, inclusión social y desarrollo.
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