Legado

Legado

martes, 19 de noviembre de 2013

Más dogmatismo, a contramano de las expectativas

El cambio anunciado anoche con la designación de Axel Kicillof al frente del Ministerio de Economía va a contramano de las expectativas de quienes esperaban un manejo más pragmático de la política económica en los próximos dos años, y más en la línea dura de "profundizar del modelo". A priori, significa más intervención del Estado sobre la actividad privada, más cepo y controles cambiarios y menos chances de que comiencen a corregirse los desequilibrios macroeconómicos derivados del mayor gasto público, déficit fiscal y abuso de la "maquinita" del Banco Central para financiarlo.

En definitiva, todos los elementos que hoy ponen en jaque al modelo K y se traducen tanto en mayor inflación, brecha cambiaria y pérdida de reservas como en su correlato de menor inversión, bajo crecimiento y estancamiento en la creación de empleos privados.

Probablemente, con su regreso a la actividad y el rápido reemplazo ministerial, la presidenta Cristina Kirchner dé vía libre a la antigua propuesta de Kicillof de desdoblar el mercado cambiario oficial. En este caso, para frenar el drenaje de divisas por pasajes y gastos turísticos en el exterior y compras con tarjeta en sitios web extranjeros, que muchos argentinos -viajen o no- descubrieron y aprovechan con una brecha cambiaria superior al 65%.

La incógnita, en todo caso, es qué cotización y grado de control tendrá ese dólar turista. El apuro, en cambio, se justifica en la acelerada caída de reservas del BCRA, que suma 11.026 millones de dólares en lo que va del año.

En realidad, desde sus tiempos como director del Cenda, el economista cercano a La Cámpora ya propiciaba un esquema de tipos de cambio múltiples, ante la oposición de la ahora ex presidenta del BCRA. Quienes se inquietan por la hemorragia de reservas estiman ahora que no pasará mucho tiempo antes de que el mercado cambiario oficial se encamine hacia un esquema de ese tipo; aunque más no sea para ganar tiempo y pese al fracaso de experiencias similares en los años 70 y 80.

Esta presunción no es aleatoria. Kicillof se caracteriza por su dogmatismo y su elocuencia, que lo convierten en uno de los funcionarios cuyo discurso mejor suena a los oídos de Cristina Kirchner. Esto es independiente de los magros resultados que obtuvo en la función pública, ya sea en la deficitaria y subsidiada Aerolíneas Argentinas; propulsor, como viceministro, de la expropiación de las acciones de Repsol en YPF sin cuidar las formas, y como responsable de la comisión reguladora de la política de hidrocarburos, que no ha logrado revertir la caída de la producción de petróleo y gas.

El nuevo ministro es un teórico que descree de los mercados y detesta frases hechas como "clima de negocios". También, un convencido de que la economía se puede planificar y manejar caso por caso en sectores concentrados y disciplinar a las empresas con medidas tales como prohibir el giro de utilidades al exterior para forzar inversiones aquí, no siempre productivas. Aun así, difícilmente pueda ahora como ministro evitar la caída de reservas del BCRA por los pagos externos de deuda pública, el creciente déficit energético y el desequilibrio estructural de industrias clave.

Los cambios decididos anoche condenan al destierro a Hernán Lorenzino, quien hizo realidad ahora su célebre frase "me quiero ir" y se dedicará a su especialidad de manejar la deuda en default, pese a que sus propuestas de evitar la confrontación con los holdouts en los tribunales neoyorquinos no encontraron eco en CFK hasta que las papas quemaban. También llevan al ostracismo a Mercedes Marcó del Pont, quien pasará a la historia como uno de los pocos presidentes del BCRA que ejerció íntegramente su tarea "en comisión".

Su puesto será ocupado por el hasta ahora presidente del Banco Nación, Juan Carlos Fábrega, un funcionario del círculo presidencial, al igual que el nuevo ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Casamiquela, que reemplaza a Norberto Yauhar, quien además de su dura derrota electoral en Chubut estaba a punto de cumplir dos años sin haber recibido a las entidades de la Mesa de Enlace.

Aunque Fábrega ha mostrado cierta independencia de movimientos y buscaría formar un equipo propio, su tarea en el BCRA no será sencilla. Kicillof ya desembarcó allí meses atrás con un director propio, para oponerse a la suba de tasas de interés, pese a la mayor inflación y a la escapada del dólar paralelo. Sus encontronazos fueron tan memorables como una frase pronunciada públicamente hace tres años, antes de ser viceministro de Economía, cuando Kicillof reivindicó a Keynes y sostuvo que el aumento del gasto público, la emisión y los salarios no provocan inflación y son un mito neoliberal.

Sin embargo, sería aventurado suponer que Kicillof vaya a concentrar el poder de un superministro. La Presidenta siempre se encargó de ponerle algún contrapeso con figuras opuestas. De ahí que, para decepción de quienes esperaban mayor previsibilidad económica, siga en funciones el inefable Guillermo Moreno, quien apoda a su nuevo jefe el "soviético", por su formación marxista. También el incombustible Julio De Vido, quien debió cederle el área energética. Y dependerá del nuevo jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien por su proyección política tal vez sea otro encargado de ponerle límites

No hay comentarios:

Publicar un comentario